El hábito hace al monje

La verdad es que era admirable la seguridad con la que realizaba la presentación sobre la futura expansión de actividades de la empresa y su entrada en mercados que hasta hace poco nada tenían que ver con la orientación estratégica de la empresa. Más admirable aún si tenemos en cuenta que no hace ni 6 meses era esa misma persona la encargada de traer los cafés a todo el departamento. Una persona callada, tímida, sin iniciativa ni empuje ninguno. Traía los cafés y parecía que ese le llenaba, yo desde luego no había observado un atisbo de ambición a la hora de repartir los azucarillos, al cambiar los terrones por sacarina o al recoger los pedidos de cafés especiales para la responsable de cuentas.

¿Qué hacía entonces explicando al comité de dirección cuales iban a ser nuestros pasos en África?

La transformación había empezado unos 9 meses antes. El cafetero había empezado a abandonar los vaqueros y los nikis de grupos de música con los que atendía nuestra necesidad de cafeína y había empezado a cuidar su vestuario. Las zapatillas dieron paso a los zapatos y los vaqueros a pantalones de vestir. Pronto Queen abandonó su sitio en el corazón del muchacho para ser sustituido por logotipos de jinetes jugando al polo.

Esa transformación exterior produjo su efecto también en la forma de comportarse del muchacho. Seguía trayendo cafés e infusiones con la diligencia acostumbrada, pero ahora se interesaba por lo que hacíamos. Preguntaba de qué eran los informes que preparábamos, se interesaba por cómo llevábamos el trabajo, etc. Todo de forma muy natural, integrado en conversaciones banales, de cortesía.

Un día, se vio preparado para culminar la transformación y se presentó ante el jefe de departamento. Trajeado, con lustrosos zapatos italianos, camisa blanca y corbata oscura con pequeños rombos azulados. Parecía un anuncio de colonia cara. El último yupi que logró sobrevivirse a si mismos y a sus decisiones. Un joven triunfador con una propuesta rompedora bajo el brazo.

  • Buenos días señor Saura. Les he estado observando estos meses y creo que tengo una serie de ideas para la expansión de la empresa por África.
    No piense que es una idea absurda de un chiquillo con tiempo libre. Me he estado informando y conozco los pros y contras de cada una de las opciones que se han estado discutiendo estos últimos meses. Le pido que me conceda unos minutos para que pueda ver los documentos que he preparado.
    No nos llevará más de 15 minutos y si después de ver los datos, las ideas que le expongo, no le convencen, no volveré a molestarle.

Y así se fraguó el ascenso de nuestro cafetero. Algo muy gordo tuvo que pasar durante aquellos 15 minutos para que el cafetero se convirtiera en el timonel de la expansión de la empresa por África, y ese algo era lo que estaba desarrollando ahora mismo delante de un asombrado comité directivo.

  • […] Y ésta señoras y señores es la propuesta en la que hemos estado trabajando durante estos últimos 6 meses
    Como ven, no creo haberme dejado ningún fleco suelto y para aquellos detalles incontrolados que siempre pueden ocurrir, se han elaborado los correspondientes planes de contingencia para poder afrontarlos rápidamente y lograr el éxito global del proyecto
    No sé si tienen alguna pregunta acerca de la presentación…

Boquiabiertos, admirados, pasmados. Esas 8 personas sin piedad que habían rechazado 4 planes de expansión y habían despedido a otros tantos directores, se encontraban bajo el influjo del aroma a café que yo le seguía atribuyendo al muchacho.

Tras una pausa, Marisa Ridruejo, se libró del encantamiento y habló.

  • Sólo una pregunta… Desde luego el plan es ambicioso, y parece que todo está bajo control. ¿Por dónde ha pensado iniciar todo el proceso? ¿Cuál será el primer país en el que ha pensado que debemos desembarcar?
  • Buaxam, sin duda. La coyuntura actual es perfecta para nuestros planes y servirá de espejo en el que deban mirarse el resto de las franquicias. Buaxam será la base sobre la que construyamos todo el proceso de expansión.

¿Buaxam? ¿Le había dicho Buaxam a Marisa Ridruejo? ¿Es que acaso no sabía lo que había pasado allí? ¿No sabía que Buaxam era el único sitio del mundo vetado para nuestra empresa? ¿Nadie se lo había explicado?

Marisa Ridruejo palideció.

  • ¿Buaxam? ¿Ha dicho usted Buaxam?
  • Sí, desde luego. No me cabe ninguna duda…
  • ¡Cállese! ¡Cállese majadero!

Adiós a la prometedora carrera de nuestro Juan Valdés. Cuando el majadero hubo silenciado toda la sala, nuestro futuro triunfador estaba desconcertado.

  • ¿Ha-Hay algu-ún pro-pro-problema con empezar po-por Buaxam?
  • ¿Alguno? ¡Estúpido! Dónde ha estado usted los últimos años, ¿encerrado en la cafetería? Buaxam está vetado, ¡¡vetado!! En el ultimo intento de expandirnos por África, mi marido fue a hacer una visita al país con nuestros hijos para saber de primera mano como era la situación. Fallecieron los 3 en un ataque cometido por guerrilleros borrachos.
    Mientras yo sea la presidenta de esta empresa, Buaxam no existe. ¿Me entiende?

¡Menudo golpe!

  • Di-discul-pe-pe yo yo… de verdad… yo

El traje parecía ahora lleno de arrugas y la camisa repleta de manchas de aceite. Los zapatos habían perdido brillo al mismo ritmo que la cara de nuestro conferenciante.

Hundido, confuso, desorientado… se echó mano a la corbata y, todos lo pudimos ver, puso la mano derecha sobre el otrora impoluto nudo Windsor y la izquierda sobre la parte de atrás de la corbata. Nos miró con los ojos muy abiertos y apretó la corbata con un golpe seco.

Cayó como un muñeco. Las piernas colocadas en una postura imposible y con la cara azulándose por momentos.

Alguno se acercó a auxiliarle, pero la mayoría seguíamos sentados con la boca abierta y los ojos fijos en el cafetero.

Hace ya dos años del último intento de expansión de la empresa por África. Yo he cambiado de trabajo y también cambié hace tiempo mi café doble matutino por una menta-poleo con sacarina.

Un moco colgando

En un negocio como este las comidas son más importantes y peligrosas que todos los meses anteriores de negociaciones y de intercambio de e-mails.

Estábamos ya en los postres y todo iba bien. Estaba siendo amable, sin pasarme, crítico, lo justo y moderado con la comida y, sobre todo con la bebida. La imagen que le quede de mi debe ser agradable y perecedera. El buen sabor de boca debe llegar hasta la firma del contrato. Nada más.

Café, algo de conversación mientras traen la cuenta y listo; ya tenemos el contrato del año en el bolsillo.

  • Julián, discúlpame un momento. Necesito ir al servicio.
  • Claro. Le espero en la entrada del restaurante.

Bueno, me da tiempo a un cigarro rápido mientras este hombre se asea. No hay que relajarse demasiado. Hasta que esté en el avión de vuelta a casa, la última imagen de la empresa que le quede va a ser la de mi jeta, así que más vale que sea una jeta limpia y agradable.

Tiro el cigarro y me quedo mirando las obras, ejerciendo de jubilado y corrigiendo mentalmente a los obreros. La verdad es que me extraña que no se derrumben más edificios. Por ese pisucho de paredes de papel alguien va a pagar una millonada y encima dando las gracias al promotor. Que país…

  • Listo. Cuando quieras nos podemos ir.
  • De acuer…do

¡Mierda! ¿No se ha dado cuenta?. Tiene un… Joder, ¡tiene colgando un moco de la nariz! ¿Qué hago? ¿Se lo digo? Menuda tontería, si él no se ha dado cuenta voy a quedar como un imbécil diciéndoselo.

¡Que asco! ¿No lo nota?

  • ¿Le pasa algo Julián? – ¿qué está mirando? ¿tengo monos en la cara o qué?
  • Eh, no, no. Nada. Vamos hacia Lope de Vega a coger el taxi – me rascaré la nariz. Por imitación, seguro que se da cuenta, una insinuación velada que le permita salir airoso.
  • ¿Está acatarrado? Anda mucha gente con algo de catarro, ¡el maldito aire acondicionado! Nunca se puede dejar a gusto de todos. – A ver si cogemos el taxi y me largo de una vez. No sé que le ha dado a este hombre, pero como siga mirándome fijamente se va a quedar sin contrato.
  • No. Algo de alergia al polen nada más. – No se entera. ¡Si es enorme! ¿Cómo no se da cuenta? Bueno, Julián, tú ya has hecho lo que estaba en tu mano, trata de no mirarle tanto. En 5 minutos está en el taxi de vuelta a casa y tú a la oficina con el contrato bajo el brazo.
  • La verdad es que cada vez hay más gente con alergias. De todo tipo. Debe ser lo que
    comemos, cada vez más cosas artificiales. ¿Usted sabe qué demonios es el Omega 3? Pues eso.No puede ser bueno. – Este hombre está alelao. No se habrá drogado en los 5 minutos que he estado en el baño, ¿no? Porque no para de mirarme y me está poniendo nervioso.

Bueno, Julián, ya llegamos. Céntrate en caminar y no le mires a la cara. Fija la vista en otra cosa, la corbata, las manos…

  • Julián… Julián…

…los pantalones, no, los pantalones no. A ver si se va a pensar que quiero algo con él. El suelo, las nubes,…

  • Julián, ¡cuidado coño!

    …el taxi que viene de frente. ¡EL TAXI! A la mierd…

  • Le juro que se me echó encima. Pregúntele a él. Estaba en Babia, caminando y hablando solo, eso me pareció, derechito contra mi taxi. ¿Y ahora quien me paga este destrozo?

  • Sí. Sí, señor. Después de salir del restaurante fui un momento al baño, y cuando volví Julián no paraba de mirarme fijamente. Ya sabe, como si se hubiese tomado algo.No, no. Toda la comida fue muy normal. Agradable. No creo que bebiera más de 2 copas de vino y luego no tomó chupito. No sé. Sólo le perdí de vista ese tiempo que estuve en el servicio.
  • Perdone. Tiene algo en la nariz, ¿quiere un pañuelo?
  • Eh. Oh. Disculpe, no me había dado cuenta… ¿Ya está?
  • Sí, ya está.

    Prosiga.

    Entonces usted cree que se debió tomar alguna cosa durante ese tiempo que estuvo solo, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo pasó en el baño?