La tortuga

El perro ladraba sin parar tratando de imponerse sobre el incesante cacareo de las gallinas. El relincho de los caballos colaboraba a la confusión y, en definitiva, en la granja reinaba un tremendo guirigay de ladridos, mugidos, cloqueos, balidos, cacareos y todo tipo de voces de los animales que habían acudido a la reunión.

En el centro del tumulto había una tortuga, pequeña e intimidada.

  • ¡Habla! – le ladraba el perro
  • ¡Bufa al menos! – balaban en coro las ovejas
  • ¡Di algo o te aplasto! – amenazaba el caballo percherón, relinchando y pateando el suelo
  • ¿No sabes siquiera croar? – hasta los sapos y las ranas se atrevían con ella

Pero, ¿qué puede decir una tortuga? Ha visto cosas, es cierto. Ha cruzado el océano y ha vivido más que todos los animales de la granja juntos pero, ¿qué dice una tortuga?

Una tortuga no bala, ni brama, ni croa, ni ruge. Una tortuga no ladra ni maúlla, ¿qué puede decir una tortuga? ¿De qué le vale a la tortuga todo ese conocimiento si ni muge, ni pía, ni ladra?

Así, la tortuga se mete dentro del caparazón y espera. Y reza por ser capaz de emitir algún sonido que le salve de la multitud ensordecedora.

El perro ladraba sin parar

El perro ladraba sin parar. Supongo que no le caía simpático. Me había pasado anteriormente con mujeres y con gatos, ¿por qué un perro iba a ser distinto?

Me acerqué con cautela y retrocedió enseñándome los dientes. Me detuve y le mostré la mano. Abierta y con la palma hacia abajo, tal y como me han dicho que hiciera. Ya sabes, “pequeño jefe humano desea entablar amistad con desconfiado can”. Mejor eso que la alternativa de olerse las partes íntimas. Puede que sea un método más directo de conocerse pero, entre nosotros, tengo la espalda fatal y no estoy para alardes. Además, no tengo tanta prisa, es mejor irse conociéndose poco a poco.

Se acercó lentamente. La olisqueó. Podía notar su aliento con agrado y cómo los pelos de su nariz cosquilleaban el envés de mi mano. Movió el rabo y me lamió ligeramente y con indiferencia. ¿A qué sabré? Una mano sudorosa no es un chuletón de ternera, pero sin duda era un gran avance para mi humanidad, por insignificante que fuera para el resto del universo.

Se alejó poco más de un metro, dio dos o tres vueltas sobre sí mismo y se tumbó. Con las orejas grandes y carnosas enmarcando la cabezota bien apoyada en el suelo me miraba desde ahí abajo, expectante. ¿Qué se hace con un perro? No he sabido que hacer antes con mujeres ni con gatos, pero ninguno de ellos me ha lamido nunca la mano, siquiera ligeramente.

  • Bueno, perro, parece que contigo será distinto

El perro que me ladraba sin parar hace un momento es el cachorro curioso que me mira moviendo la cola esperando que juegue con él. Sí, sería distinto esta vez.

  • Si vamos a pasar tiempo juntos es mejor que nos conozcamos un poco, ¿no crees perro?
  • Y la verdad es que “perro” no es un buen nombre. Es confuso

Es un cachorro gordote y poderoso. Se llamará Federico, Federico El Grande.

  • Federico, yo me llamo Sergio. Cuando quieras nos vamos a mear farolas.