¿Por qué yo?

Los cristales me golpean la cara cual ejercito de avispas rabiosas, cierro los ojos para protegerlos de los cortes.

La sangre resbala, con lentitud, desde la frente, envolviéndome en una esfera de hedor nauseabundo. Cierro la boca para no probar su sabor, el hedor no es mío, no es de sangre.

La cabeza me da vueltas y una presión insoportable me hace imaginar lo peor. No recuerdo nada. Ni qué ha sucedido ni cómo.

Giro la cabeza. La lluvia de cristales ha cesado.

Abro los ojos y descubro sorprendido que no estoy solo. A mi lado, en el mismo estado que yo o peor, hay una mujer morena de tez blanca. No parece estar consciente, huele mal, muy mal.

No se quien es, no la recuerdo.

Miro a mí alrededor. ¿Dónde estoy? Parece un coche, ¿mi coche?

Un dolor agudo recorre todo mi cuerpo, comienza en el estomago y se extiende hasta las extremidades. La puerta se ha roto pero no puedo salir, estoy atrapado. ¡El cinturón! ¡Me aprieta! Al igual que una boa se enreda alrededor de su victima para no dejarla huir.

Una voz me dice que me calme, que todo va salir bien.

Miro a la derecha. Envuelto en un aura, de brillo blanquecino, desciende mi arcángel salvador. Va con casco y viste ropa reflectante.

  • ¡Voy a sacarte de aquí! ¿Cómo te llamas?

No contesto, no puedo contestar.

Con la ayuda de una navaja mata a la sierpe que me tiene prisionero.

Me coge de los brazos y me estira… ¿Qué sucede? ¿Por qué sale corriendo?¿Por que no termina de sacarme?

La luz blanca es consumida por otra de tonos anaranjados, el calor es insoportable ¿Dónde esta
el arcángel? ¿Por qué me abandona?

Las llamas del infierno consumen a mi acompañante y, en ese instante, un pensamiento efímero, pero repetitivo, atormenta los últimos segundos de mi existencia: ¿Por qué a mí?

Un cuento de Javier Bachiller.

La persona equivocada

Cada vez que voy conduciendo y alguien me hace una pirula me pregunto lo mismo, ¿pero quién demonios se mata en la carretera?

Todos los años mueren cientos de personas en accidentes de tráfico, pero todos los días hay alguna noticia en los telediarios sobre un conductor de autobús borracho, atropellos en la ciudad por conductores kamikaces, niñatos pasados de farlopa, éxtasis y anís Del Mono, señoras distraídas por el móvil que se llevan por delante al coche de enfrente, competitivos mozalbetes que circulan a más de 200 km/h para demostrar a sus novietas quien la tiene más larga.

Si cada día me puedo cruzar con 2 ó 3 de ellos, está claro que no son ellos los que se matan en la carretera. Entonces, ¿quién demonios se mata al volante?

Está claro que son las personas equivocadas.

En todo esto pienso cuando vuelvo en coche a casa, ya de noche. En todo eso pienso, cuando el coche que viene de frente, se mete en mi carril pasado de velocidad y me deslumbra con las luces largas. En eso pienso cuando me saca de la carretera, mientras doy vueltas de campana.