Flores y estiercol

Hay flores y espinas, pero también ramas, tierra, hojas, que ninguna es ni será sin las otras. “Te quiero”, me dices, y me acercas un currusco de pan. “Ven, dame otro beso”, te susurro deslizando el cambio para el autobús. El amor es aroma, de flores y de estiércol y se riega en lágrimas y en duchas compartidas. Son cenas de verano a la luz de las velas o caldo de pollo para bajar la fiebre. Somos tú y yo, y ahora también, tú y el otro.

No se reflejan (They have no reflections)

Si… tal vez la mayoría de las veces no me doy cuenta de que lastimo a la gente, de alguna manera lo hago…no sé cómo. Simplemente ahí está… este sentimiento de dulce venganza que muy dentro de mi existe.

No sé hacia quien o hacia qué… pero este sentimiento de desahogarme me esta matando, y, no sé qué hacer, qué hago, qué digo, solo sé que ésto debe acabar…

Noto ahora que mi situación no es buena, que la mayoría de las veces me arrodillo ante la gente, esperando que no me hagan daño y se queden conmigo, haciendo lo que yo pida, sin pedírselo. La mirada más profunda que he visto, aún forma parte de mi, recuerdo la primera vez que la vi, tan sincera, llena de orgullo, tan seductora…siempre así … Pero también recuerdo que fue esa mirada la que incitó a esto, a llegar a sentir ese deseo de no sé qué…que me mantiene atada a él, sabiendo que la mayoría de las veces es solo un vano recuerdo, el que por las noches me atrapa y me incita a lastimar…

Recuerdo cuando ella dijo: “Él llegará a quererte, algún día”…. Y desde entonces nada ha sido lo mismo… Y esa noche, la vi a ella besándose con él…y no pude hacer nada, sabía que él la quería o tal vez la amaba, no lo sé, pero esa fue la única y última sensación de intranquilidad que sentí. Sus ojos brillaban mientras las manos temblorosas de ella abrazaban su cuello, tan tiernamente que no sentí envidia, ni coraje; sino una tranquilidad que me dejó pasmada unos segundos. Les vi tan felices que no me atreví a hacerles frente, solo salí corriendo, tal vez llorando, no lo recuerdo bien pero algo me dejó pensando en él todo el resto de la noche.

Junto a mi cama lloré, tal vez una hora, pero después de eso, entendí, que él no me amaba, que no amaba mis gestos, mis sonrisas, y que no anhelaba mis brazos; que él lo anhelaba, pero no en mi, en ella.
Esto suena maniático, pero mis sentimientos me están ahogando, me di cuenta que no lo amaba, pero esa mirada consume todo en mi, desde mi mas simpática sonrisa, hasta mi mas engreído gesto.
A la mañana siguiente, hablé con ella, y me dijo que nadie impediría que ella lo amara, pero hay algo que ella no sabe, algo que realmente la destruiría por completo, algo que yo sé… pero que no me toca decirle.
Después de eso entendí mi función en el mundo, lo que me hacía penar en este cuerpo desde hace siglos…lo que me hace falta para ser realmente feliz.

No es él, es el sentimiento mágico, que ellos sienten, porque yo vivo de sensaciones así, porque desde que no tengo alas necesito esa sensación para sentirme viva, lo que aún no sé… es por qué yo, por qué sigo buscando esa mirada en cada persona, por qué, sin poder darle sentido a algo. Y si alguna vez, me encuentras, ayúdame a sentirme feliz, aunque sea solo un momento, no me hagas promesas falsas, ni juegues conmigo, solo toma mi mano y caminemos juntos hacia el horizonte; y si prometes quedarte por siempre, yo prometeré cuidar de ti, y devolverte lo que tú me des…ya sea amor…o… desprecio… al fin y al cabo, tú saldrás perdiendo…

Incorporamos a Brenda al cartel de escritores de Tragedias Cotidianas.

¿Error o arrepentimiento?

Habían pasado 30 años desde la última vez que se vieron.

Se conocían desde que habían nacido porque se habían criado en el mismo pueblo.

Candela era una joven guapa, extrovertida, con ganas de comerse el mundo.

Mario era todo lo contrario, introvertido, con miedo a expresar sus sentimientos y dejarse llevar.

Mario amaba a Candela desde la primera vez que la vio cuando tan solo tenían 5 años y coincidieron para ir junto a sus madres al colegio el primer día.

Fue imposible que Mario se declarara a Candela debido a los complejos que tenía ya que todos los niños se habían reído siempre de él, bajando su autoestima de tal forma que siempre había creído que no merecía ser feliz.

Fueron creciendo, Candela se fue a Madrid a estudiar diseño, Mario, debido a su timidez no se veía capaz de vivir en una gran ciudad, saliendo del círculo familiar y de todo lo conocido (casa, pueblo…)

Hoy, después de 30 años, Mario había vuelto a ver a Candela, en el barrio donde se criaron.

Les había costado reconocerse porque el tiempo no había pasado en balde, sin embargo, Candela se paró a hablar con él.

Mario llegó a casa a punto de darle un infarto al corazón de los nervios que traía, el corazón le latía a cien por hora después de haber hablado con el amor de su vida.

Estuvo todo el día pensando en ella, con una sonrisa que no se le borraba de la cara, su familia no podía creer lo que veían cuando le miraban a los ojos.

Pasaron varios meses y Mario, después de pensarlo mucho, se decidió a ir a casa de Candela para declararle su amor, no podía soportar más tiempo el callarse lo que sentía por ella.

Candela había vuelto, después de haber dejado la carrera a medias para casarse con un joven al que había conocido en el campus de la universidad.

Volvió después de 28 años dedicados exclusivamente a su matrimonio, y que terminó cuando lo pilló en la cama con su mejor amiga de universidad.

Volvió a su pueblo, a casa de sus padres, sin nada: sin casa, ni dinero, y casi sin dignidad, él se había quedado con todo.

Mario, salió temprano de casa para comprarle unas flores a Candela, además de para llevar algo en las manos en el momento en el que se presentara en su casa para expresarle sus sentimientos.

En el momento en el que salía de casa, llegó su hermana corriendo para darle una mala noticia.

  • Mario, no sé cómo decirte esto – dijo Irene
  • Irene, ¿qué pasa? ¿ha ocurrido algo malo?
  • Mario, Candela ha muerto

Mario no podía creer lo que su hermana decía, “no puede ser”, pensaba.

Corrió a casa de los padres de Candela.

La casa estaba llena de gente ya que es tradición velar a los muertos en el domicilio desde donde partían hacia la iglesia y posteriormente al cementerio.

  • Pobrecilla, con lo joven y guapa que era – decía la vecina de enfrente llorando
  • Dicen que tenía un tumor y que ha venido a casa para morir entre su familia, a modo de despedida – contaba la carnicera

Mario no podía creerlo, llegó hasta el lugar donde se encontraba la caja con los restos de Candela, haciéndose sitio entre la multitud que llenaban la casa, unos porque verdaderamente sentían la pérdida y otros para cotillear.

Se asomó para ver si era ella y cuando vio su cara, lo guapa que estaba, parecía que dormía, salió corriendo de la casa hasta la calle.

Las flores cayeron al suelo al mismo tiempo que Mario, donde empezó a encontrarse mal.

Un fuerte dolor oprimía su corazón, se iba deslizando hacia el brazo izquierdo, no podía respirar.

De repente quedó inerte en el suelo, donde acudieron deprisa los que presenciaron todo.

No pudieron hacer nada, Mario también había muerto.

Su corazón no puedo aguantar más, el hecho de que Candela, el amor de su vida, hubiera muerto y también porque no podía resistir la idea de pasar toda su vida sin ella y sin haberle dicho lo que sentía.

Una historia de amor preciosa de la colaboradora más prolífica de Tragedias Cotidianas. Gracias Eva.

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