Un moco colgando

En un negocio como este las comidas son más importantes y peligrosas que todos los meses anteriores de negociaciones y de intercambio de e-mails.

Estábamos ya en los postres y todo iba bien. Estaba siendo amable, sin pasarme, crítico, lo justo y moderado con la comida y, sobre todo con la bebida. La imagen que le quede de mi debe ser agradable y perecedera. El buen sabor de boca debe llegar hasta la firma del contrato. Nada más.

Café, algo de conversación mientras traen la cuenta y listo; ya tenemos el contrato del año en el bolsillo.

  • Julián, discúlpame un momento. Necesito ir al servicio.
  • Claro. Le espero en la entrada del restaurante.

Bueno, me da tiempo a un cigarro rápido mientras este hombre se asea. No hay que relajarse demasiado. Hasta que esté en el avión de vuelta a casa, la última imagen de la empresa que le quede va a ser la de mi jeta, así que más vale que sea una jeta limpia y agradable.

Tiro el cigarro y me quedo mirando las obras, ejerciendo de jubilado y corrigiendo mentalmente a los obreros. La verdad es que me extraña que no se derrumben más edificios. Por ese pisucho de paredes de papel alguien va a pagar una millonada y encima dando las gracias al promotor. Que país…

  • Listo. Cuando quieras nos podemos ir.
  • De acuer…do

¡Mierda! ¿No se ha dado cuenta?. Tiene un… Joder, ¡tiene colgando un moco de la nariz! ¿Qué hago? ¿Se lo digo? Menuda tontería, si él no se ha dado cuenta voy a quedar como un imbécil diciéndoselo.

¡Que asco! ¿No lo nota?

  • ¿Le pasa algo Julián? – ¿qué está mirando? ¿tengo monos en la cara o qué?
  • Eh, no, no. Nada. Vamos hacia Lope de Vega a coger el taxi – me rascaré la nariz. Por imitación, seguro que se da cuenta, una insinuación velada que le permita salir airoso.
  • ¿Está acatarrado? Anda mucha gente con algo de catarro, ¡el maldito aire acondicionado! Nunca se puede dejar a gusto de todos. – A ver si cogemos el taxi y me largo de una vez. No sé que le ha dado a este hombre, pero como siga mirándome fijamente se va a quedar sin contrato.
  • No. Algo de alergia al polen nada más. – No se entera. ¡Si es enorme! ¿Cómo no se da cuenta? Bueno, Julián, tú ya has hecho lo que estaba en tu mano, trata de no mirarle tanto. En 5 minutos está en el taxi de vuelta a casa y tú a la oficina con el contrato bajo el brazo.
  • La verdad es que cada vez hay más gente con alergias. De todo tipo. Debe ser lo que
    comemos, cada vez más cosas artificiales. ¿Usted sabe qué demonios es el Omega 3? Pues eso.No puede ser bueno. – Este hombre está alelao. No se habrá drogado en los 5 minutos que he estado en el baño, ¿no? Porque no para de mirarme y me está poniendo nervioso.

Bueno, Julián, ya llegamos. Céntrate en caminar y no le mires a la cara. Fija la vista en otra cosa, la corbata, las manos…

  • Julián… Julián…

…los pantalones, no, los pantalones no. A ver si se va a pensar que quiero algo con él. El suelo, las nubes,…

  • Julián, ¡cuidado coño!

    …el taxi que viene de frente. ¡EL TAXI! A la mierd…

  • Le juro que se me echó encima. Pregúntele a él. Estaba en Babia, caminando y hablando solo, eso me pareció, derechito contra mi taxi. ¿Y ahora quien me paga este destrozo?

  • Sí. Sí, señor. Después de salir del restaurante fui un momento al baño, y cuando volví Julián no paraba de mirarme fijamente. Ya sabe, como si se hubiese tomado algo.No, no. Toda la comida fue muy normal. Agradable. No creo que bebiera más de 2 copas de vino y luego no tomó chupito. No sé. Sólo le perdí de vista ese tiempo que estuve en el servicio.
  • Perdone. Tiene algo en la nariz, ¿quiere un pañuelo?
  • Eh. Oh. Disculpe, no me había dado cuenta… ¿Ya está?
  • Sí, ya está.

    Prosiga.

    Entonces usted cree que se debió tomar alguna cosa durante ese tiempo que estuvo solo, ¿verdad? ¿Cuánto tiempo pasó en el baño?

La persona equivocada

Cada vez que voy conduciendo y alguien me hace una pirula me pregunto lo mismo, ¿pero quién demonios se mata en la carretera?

Todos los años mueren cientos de personas en accidentes de tráfico, pero todos los días hay alguna noticia en los telediarios sobre un conductor de autobús borracho, atropellos en la ciudad por conductores kamikaces, niñatos pasados de farlopa, éxtasis y anís Del Mono, señoras distraídas por el móvil que se llevan por delante al coche de enfrente, competitivos mozalbetes que circulan a más de 200 km/h para demostrar a sus novietas quien la tiene más larga.

Si cada día me puedo cruzar con 2 ó 3 de ellos, está claro que no son ellos los que se matan en la carretera. Entonces, ¿quién demonios se mata al volante?

Está claro que son las personas equivocadas.

En todo esto pienso cuando vuelvo en coche a casa, ya de noche. En todo eso pienso, cuando el coche que viene de frente, se mete en mi carril pasado de velocidad y me deslumbra con las luces largas. En eso pienso cuando me saca de la carretera, mientras doy vueltas de campana.