05 Van dos

Van dos por la calle y se cae el del medio. El pequeño, el más delgado. Su compañero, un tiarrón enorme como una montaña, no se ha dado cuenta y continúa andando calle abajo.

El pequeño, se levanta rápidamente. Tiene las palmas de las manos raspadas por tratar de evitar la caída y la rodilla derecha magullada. Se levanta y va corriendo donde el gigantón.

  • Se puede saber porqué me has hecho la zancadilla – le espeta enfadado
  • ¿La zancadilla? ¡De que hablas! Iba andando tranquilamente a tu lado… bueno a tus dos lados, enano. Ja, ja, ja…

Al gigantón le ha hecho gracia su propia ocurrencia.

  • A tus dos lados… ja ja ja…

El pequeñín le empieza a golpear con los puños en la tripa, y eso aumenta la risa del gigantón. La risa le recorre el cuerpo provocando terremotos gelatinosos que apenas se ven afectados por los golpes del más bajito.

  • Ja, ja, JA, JA, JA… me haces cosquillas… JA JA JA…aaaa

De pronto el gigantón se lleva la mano al pecho, el pequeño le mira asustado y no tiene tiempo de apartarse mientras la enorme masa se desploma sobre él.

Iban dos por la calle y esta vez se cayeron los de los lados.

04 Bebe y olvídalo

  • Ja ja ja. Mira el viejo. ¡Si no se tiene en pie!
  • Déjalo está mamado.
  • Abuelo, que se ha pasado con el coñac.
  • Déjame en… paz, niñato de mierda. Urp.
  • Abuelo, vete a casa. Que no te tienes de pie.

El viejo se deja caer del taburete. Resbala y casi va al suelo, pero logra sujetarse a tiempo a la barra. Se pone recto como sólo la gente que ha bebido demasiado sabe hacerlo y se alisa el jersey lleno de manchas.

  • Joder viejo estás hecho un asco. Ja ja ja. Te va a caer una buena bronca cuando llegues al banco donde duermes. Ja ja ja.

El abuelo se gira y lo mira con lo que él cree que es una cara amenazante, los chavales se parten de la risa al verle gesticular. Recoge la bolsa en la que guarda unos periódicos y algo envuelto en papel de plata.

Sale del bar y se sienta en el banco de enfrente.

Los chavales al ver que sigue cerca se le acercan a vacilar. Están de fiesta y ahora el abuelo es la diversión hasta que el bocadillo que han comido en la barra les haga algo de efecto y les baje los 3 cubatas que llevan.

  • Que, viejo, ¿no encuentras las llaves? ¿Te ayudo a buscarlas? – se ofrece uno de ellos acercándose por detrás del banco, desde la carretera.
  • No me toques… gilipo…

El viejo se queda callado. Un BMW azul marino, ha pasado demasiado cerca, demasiado rápido y se ha llevado por delante al buscallaves. El BMW y el chaval están empotrados contra una farola 20m de frenada más abajo.

Los amigos están bajando corriendo a ver que pasa. Alguno ha sacado el móvil y trata de llamar a emergencias.

El viejo se levanta. Mira el accidente y al chaval destrozado encima del capó. Chapa y sangre mezcladas.

  • Un gilipollas menos – piensa – Pena que todavía queden otros 500.000.

03 Señora con perrito

¿Qué hace un chucho de patada en el asiento de conductor de un Mercedes clase A? Al parecer esperar a que el semáforo se ponga en verde en los brazos de su dueña que le lanza besitos al morro.

Señor.

Cierro los ojos mientras espero yo también a que el semáforo cambie de color. Veo al perro, inquieto, cansado del carmín de la señora, como se revuelve y la suelta un tremendo mordisco en la yugular.

¡Vaya con el perrito faldero! ¡Y al parecer todavía mantiene algo de instinto! Al ver la sangre, se lanza una y otra vez a por el cuello de la señoritinga que se retuerce amarrada por el cinturón de seguridad, tratando de gritar y quitarse al perrito de encima y provocando que la sangre salga a borbotones.

En los 30 segundos que tarda el semáforo en pasar a verde, la señorita faldera ha pasado a mejor vida y el recién liberado can se relame los incisivos. Orgulloso de haber ascendido en el escalafón.

Se oyen los claxon de los coches, al ver que el mercedes no se mueve.

Sonrío. Abro los ojos… Ups, los pitos eran para mi. Perdón, perdón. Primera, y salgo de ahí.

Bueno, al menos la imagen me va a alegrar el camino hasta el trabajo. Pongo la radio con música y continúo.

Al de 1 km, enfrente de mi, en la cuneta veo al Mercedes. Miro por la ventanilla al pasar a su lado. El chucho está agachado encima del pecho de su ama. La señora no se mueve. Creo que tiene el cuello ensangrentado.

Paro y pongo las luces de emergencia.

Que gracioso el perrito. Ha desgarrado la yugular a su dueña y ahora está reafirmando su perrunidad. Me enseña los dientes ensangrentados cuando intento acercarme.

  • ¿Policía? Ha habido un accidente y creo que la señora está muy grave.

02 Antonio Latranca

Se llamaba Antonio, como su padre. Antonio Latranca. De pequeño tuvo que aguantar muchas burlas, pero este nombre le llevó al estrellato.

Antonio Latranca era actor. Actor porno. Famoso y reconocido. Sucesor del gran Rocco y de otros menos grandes que se empeñaban en meter su instrumento de trabajo en vasos de cubatas. En el norte, de donde era Antonio, los cubatas se sirven en vaso ancho y no en vaso de tubo, quizá por eso nunca se le ocurrió mojar el pirulí en ron con cocacola.

Como decía, Antonio era actor porno. Le gustaba su trabajo y encima no había tenido que adoptar ningún nombre artístico. Triunfaba en EE.UU. que es donde se mueve el dinero. Grandes super-producciones eróticas, fama, revistas. Vivía bien.

Empezó en esto de broma, por el apellido… y por lo que colgaba, claro. Además era un hombre cumplidor. No es que no se cansara, ni que fuera un super-hombre, pero a Antonio los tacones le volvían loco. En cuanto veía un tacón alto, empezaba a palpitar y conseguía unas tremendas erecciones que eran la envidia de los depilados comedores de Viagra con los que competía.

En este negocio, para goce de Antonio, a las actrices les podía faltar mucho vestuario, pero desde luego nunca faltaban unos buenos zapatos de tacón alto.

Eso había mantenido en pie la carrera de Antonio. No es que las mujeres no le gustaran, ¡claro que le gustaban! Pero le gustaban mucho más los zapatos de tacón. Sus grandes actuaciones se las debía a los zapatos de tacón. Negros con cinta y tacón de 7 cm., abiertos en la punta, con incrustaciones y tacón de cristal, cerrados con cordones y larguísimo tacón de 10 cm.

Un día, tras una una jornada en la que no había andado muy fino (era una escena en una piscina y habían decidido que las chicas no llevasen zapatos… ¡por dios que era una película porno! ¡Hasta en la piscina se pueden llevar zapatos de tacón de aguja sin que el guión se resienta!), se acercó a la zona de vestuario y cogió un par de zapatos. 5 cm, grandes para ser de chica, un 40-41 calculaba a ojo. Allí mismo, se los calzó y se puso de pie. Aguantaba bien. Le apretaban un poco, sobre todo delante que era donde cargaba todo el peso. No se atrevió a andar. Se quedó de pié semidesnudo, calzado con los zapatos y con una de sus gloriosas erecciones.

Antonio, le cogió gusto a calzarse los zapatos de tacón. Tardaba más que los demás en irse a casa. Aguantaba en su camerino un tiempo hasta que los demás se iban a casa. Entonces, localizaba algún zapato que le gustara y se los ponía. “Soy el hombre más fuerte del mundo”, pensaba mientras se miraba en el espejo.

Daba pequeños paseos por el camerino, acostumbrándose al vértigo de verse 5-7 cm más alto, más fuerte, más poderoso. Cada vez andaba con más facilidad y si al principio escogía zapatos con un tacón pequeño, hacía ya semanas que se contoneaba con zapatos de 7 cm de tacón sin ningún problema. Paseando, saludando, girándose, manteniendo el equilibrio con un sólo pie.

Su camerino era estrecho, y alguna vez había pensado en salir al pasillo y corretear con sus zapatos recién estrenados. Pero no se atrevía. ¿Y si le veían? ¿Qué iban a pensar? Su carrera funcionaba bien. Dentro de un par de años podría retirarse, retirarse rico además, y siendo rico, podría ser todo lo excéntrico que quisiera. Jerseys de angora y zapatos de tacón.

  • Este Antonio, que cosas tiene. Es un excéntrico
  • Si es un excéntrico

¿Qué significa excéntrico? ¿Que está fuera del centro? ¿En la periferia?

Si, en un par de años podría estar donde quisiera. En la periferia o en un piso de cristal en el centro de la city londinense viviendo con 27 gatos si quisiera, pero por ahora tenía que tener cuidado.

El paso de 7 a 10 cm. fue algo más complicado de lo que esperaba. Creía que ya dominaba las alturas, que había conquistado las cumbres menores sin problemas y que era hora de enfrentarse a las grandes torres.

Tenía echado el ojo a unos zapatos imposibles. Cerrados hasta los tobillos, con cordones y con un tacón infinito que no dejaba apenas sitio para apoyar el pie. Sólo se apoyaba la punta de los dedos. Desde luego, nada de corretear con estos zapatos. Eran el Everest. La cumbre definitiva que se debía escalar. La prueba final. La que le iba a decidir si estaba listo para vivir y vestir como quisiera o bien debía conformarse de ir con traje y corbata, como un becario bueno que va a la oficina a que le exploten por 600 € al mes.

Estaba preparado. Él se sentía preparado. El jueves subiría el Everest. Sin sherpas ni oxígeno. Antonio Latranca, aventurero y conquistador.

  • Vienes Antonio (antonyo), hay una fiesta en casa de Tamita
  • Si enseguida voy. Tengo que recoger unas cosas. Id yendo, estaré con vosotros en 1 hora o 2.

Dos horas para llegar a la cima.

Nadie en el pasillo. Tranquilo. Tranquilo. Espera 5 minutos más.

Se acercó a la zona donde se guardaban los zapatos y ahí estaba el Everest. Inmenso y pidiendo que alguien lo ascendiera y le diera sentido. Cogió los zapatos y rápidamente se los llevó a su camerino.

Se sentó en su silla, la que tenía grabado su nombre en letras blancas. Se descalzó y respiró hondo mirando los zapatos. Levantó la vista. Que diferente iba ser lo que se viera desde la cumbre.

Aflojó un poco los cordones de los zapatos y se los puso con cuidado. Eran más estrechos de lo habitual. Nadie dijo que fuera fácil.

Fue apretando ahora los cordones. Despacio, notando como el cuero del zapato se ajustaba a sus pies. Disfrutaba la escalada. Sabía que todavía quedaba la parte dura, pero aquí es donde uno gana la confianza necesaria para enfrentarse a los metros finales.

Ya estaba. El Everest en sus pies. Sus suaves, negros y encuerados pies. Veía la cima. Sabía el recorrido. Solo había que coger algo de aire y lanzarse.

Apoyó las manos en los brazos de la silla. Respiró hondo, cogió impulso y se levantó. ¡Había conquistado el Everest!

[The Miami Herald] Esta mañana ha sido encontrado el cuerpo de un actor en los camerinos de una de las principales productoras de películas eróticas del país.

Al parecer el cuerpo presentaba una fuerte contusión en la nuca que pudo provocar la muerte al actor Antonio Latranca.

El cadáver estaba completamente desnudo a excepción de unos zapatos de tacón alto.

La policía cree que la muerte pudo ser accidental, quizá producto de alguna sobredosis, aunque la investigación permanece abierta.

Se le olvidó. Simplemente no pensó en cómo bajaría la montaña. Él sólo quería llegar a la cima, ¿cómo iba a pensar que se despeñaría en el descenso?

En cuanto se puso de pie, se envalentonó. Quería mirarse en el espejo. Levantó un pie tratando de dar un paso y perdió el equilibrio. Toda la caída hasta el suelo fue un continuo desfile de zapatos de tacón y gloriosas erecciones.

Así debe ser el tránsito al paraíso.

01 Para empezar, un suicidio

7:15 de la mañana. Puf, 5 minutitos más. 7:20. 7:25. 7:30… 7:45… ¡Arriba exploradores!

Me levanto de mala gana, medio dormido. Sonámbulo, empiezo la rutina.

Ducha. Me jabono la cabeza, busco el gel y me jabono el cuerpo. Voy despertando. Menos mal que hoy no me tengo que afeitar porque voy tarde. 8:05. Mientras me seco voy haciendo un repaso mental de lo que tengo que hacer en el día. Es final de mes, menos mal que cobramos. No conozco nada mejor que una hipoteca de 1000 € al mes a 35 años como aliciente para ir a trabajar. Bueno, tal vez una hipoteca de 2000 € al mes a 40 años, pero para llegar eso más me habría valido quedarme en casa de mis padres.

En fin.

Me visto con la misma ropa de ayer, bueno cambio el jersey. Es lo bueno de ser tío, se permiten ciertas licencias. ¿Te imaginas tener que cambiar todos los días de conjunto? ¿Elegir ropa a diario? ¿Alisarte el pelo? ¿Depilarte las cejas? Es en estos momentos y a la hora de ir a mear en una noche de copas cuando se agradece ser tío.

Desayuno. Zumito de naranja marca blanca con el aporte vitamínico necesario para aguantar otro día de trabajo. Café con leche. 2 de azúcar. Nescafé especial. Un vicio caro, pero no tengo muchos.

El minuto que tarda en calentarse el café coloca el reloj en las 8:20. Maldito microondas, ¡qué lento es! Ocho y veinte… más 5 minutos para cepillarme los dientes, coger la chaqueta y las llaves, más los 15 o 20 minutos de atasco para recorrer los 2 km hasta el trabajo me dejan… bastante lejos de las 8:30, así que llegaré tarde.

Una vez llegas tarde, es mejor redondear. Mejor 9:00 que 8:43 o 9:30 antes que 9:12. Es más sencillo para el enanito que vive en la diminuta máquina para fichar y que se encarga de apuntar las horas de entrada y salida. Y yo soy una persona amable. Especialmente con las minorías.

Bueno, nueve y media y en el curro. Como un reloj. Tendré que recuperar esta hora a la tarde. Genial, chaval, otra vez llegas a casa justo para cenar. Propósito de enmienda: mañana me levanto a las 7 y así dejo de hacer el bobo.

  • Buenos días
  • Buenos días

… ante todo, BUENOS DÍAS.

Introduzco el usuario y contraseña y me voy a sacar el primer café de máquina mientras arranca el ordenador. Así continúo el repaso de las tareas que dejé a medias en la ducha. Esta semana tengo que entregar 2 módulos de la aplicación de cuentas y hoy tengo una reunión a las 12. Que no se me olvide revisar antes el acta de la reunión anterior, que siempre parezco medio bobo sonriendo y sin saber de que hablan la mitad de las veces. “Así no vas a llegar a nada, hijo”. Gracias por el voto de confianza, papá.

Bueno, al tajo. Lo primero revisar el correo no vaya a haber algo urgente. Aumento de pene, viagra, CDs de Adobe Photoshop a mitad de precio, curso de mercadotecnia avanzada… No, nada urgente, así que me pongo con las tareas. 9:54.

A las 11 descanso para el café. Mi tercer café de la mañana. Se habla de fútbol, del fulano que han despedido, lo buena que está Sara también hoy. Tonterías para hacer llevaderos los 30 minutos del descanso.

Me aburro, vuelvo a la oficina. Al menos con el ordenador no tengo que escuchar tantas palabras vacías (void, null, …). 11:28.

La mañana termina sin mucho más. Ni siquiera la reunión de las 12 aporta nada reseñable. Un par de manoletinas, algún quiebro de mérito, y mucho humo para el poco fuego que hay. Ale, a casa a comer que hay gazuza. 14:15

Bueno, al bar de la esquina. ¿Qué hay Paco? Si, ponme un bocadillo de lomo y un pincho de tortilla. Si, de la de pimientos. Dile a Natalia que le quedan de muerte. Ah, y una cañita sirbuplé.

Ojeo el periódico local mientras voy comiendo las delicias de Natalia servidas por Paco. Después, un paseito por el parque para bajar la comida. A estas horas no hay yonkis y casi no se notan los restos que dejan. Algún acabado con su brik de vino da algo de color a la escena. Color tinto, por supuesto.

15:51. Está visto que mi amabilidad con el pobre enanito no ha durado demasiado. Perdona David (no sé como se llama, pero yo le llamo David), ya te compensaré mañana.

Tengo un módulo terminado, probado y funcionando con soltura. El otro módulo que me queda por entregar lo tengo algo atravesado, pero eso es lo que da alegría al día (¡menudo alegrón señora!). Consulto el correo. Vídeo chorra, viagra, cialis, estampitas de la virgen del ramo. Bien, parece que no hay nada que no pueda esperar.

16:28. Esto marcha. Cierro los ojos y calculo mentalmente “me quedan sólo 2 horas y media, ánimo chaval”. Si me centro en la tarea se pasará rápido. Pero antes, un café de máquina.

16:37. Con lo largo que es 1 minuto de microondas y lo rápido que hace café esta máquina. De vuelta al sitio.

If then... x=32... esto marcha. 17:48… en poco más de 1 hora me voy. function this, that y lo de más allá. Teléfono. Un par de mails. Probando… probando… si, si, 1-2-3, ¿funciona la aplicación? Si… si… Uuuuno… Uuuuuno. Si… .18:12. El último café.

Repaso lo que hay, compruebo que lo que me queda por hacer para terminar el segundo módulo. Es sencillo y me relajo. 18:47. Echo un vistazo al periódico por Internet, ordeno la mesa… y a casa. 18:59. ¡En el día de la marmota!

19:00. Salgo de la oficina… de nada David. La hora que me falta la recuperaré mañana.

Aprovecho el atasco de vuelta para escuchar algo de música. Algún clásico que no me ponga de mal humor y evite que baje a partirle la cara al del A3 que me está comiendo el culo. Venga, Dire Straits, que me las sé todas. “Güi ar de suuuultans of suiiiinnn…”

19:36. Llego a casa. ¿Un café con leche y galletas? Venga, hace. Así desconecto… más. Me quitará el hambre para la cena, pero visto lo que hay en el frigorífico, quizá sea lo que me salve.

Bueno, chaval. Ya has remoloneado demasiado. Vete para arriba y ponte con el ordenador de nuevo. Ese proyecto que tienes entre manos no va a salir sólo… ni acompañado. No es de salir, me parece a mi.

Pongo la televisión. Anuncios. Veo tres. Bonitos… ojalan se mueran sus creadores. Cambio de canal. Teleserie yanqui. De éxito, por supuesto. Médicos, abogados o policías. ¿O era un médico que hacía de abogado y estaba investigando un crimen? Lo mismo da. Como si es Titanic, no estoy para nada ya.

21:47. Puf, me he quedado dormido. Paso de cenar. Me da pereza hasta hacer un huevo frito. Mejor me pongo el pijama y leo un poco. A ver si soy capaz de meterme pronto a la cama.

22:06. Ya me he cansado del libro. Pongo la tele a ver si dan alguna película. Anuncios. Veo un anuncio, me empiezan a fallar los reflejos. Miro la tele pero no le presto atención. Estoy pensando en el día que me espera mañana, que es el mismo que el de hoy, que el de ayer. El mismo día que llevo viviendo desde que dejé la universidad.

Trabajo, bocadillos para comer, más trabajo para pagar la hipoteca, televisión, a veces cervezas… joder esto no es vida.

Ciertamente esto no es vida. Miro la televisión. Están dando un anuncio de un coche. Un todoterreno superecológico de estilizadas líneas.

Cojo carrerilla y embisto la tele. ¡No te van a salvar los 20.000 airbags mamonazo!. La tele hecha añicos, y mi cabeza destrozada con el frontal del coche. Tumbado, en el suelo, sangrando, imagino que puedo sentir los números de la matrícula marcados en mi frente. Me hace gracia.

Pobre David, le he dejado a deber una hora. Bueno, alguien la pagará por mi.