08 La persona equivocada

Cada vez que voy conduciendo y alguien me hace una pirula me pregunto lo mismo, ¿pero quién demonios se mata en la carretera?

Todos los años mueren cientos de personas en accidentes de tráfico, pero todos los días hay alguna noticia en los telediarios sobre un conductor de autobús borracho, atropellos en la ciudad por conductores kamikaces, niñatos pasados de farlopa, éxtasis y anís Del Mono, señoras distraídas por el móvil que se llevan por delante al coche de enfrente, competitivos mozalbetes que circulan a más de 200 km/h para demostrar a sus novietas quien la tiene más larga.

Si cada día me puedo cruzar con 2 ó 3 de ellos, está claro que no son ellos los que se matan en la carretera. Entonces, ¿quién demonios se mata al volante?

Está claro que son las personas equivocadas.

En todo esto pienso cuando vuelvo en coche a casa, ya de noche. En todo eso pienso, cuando el coche que viene de frente, se mete en mi carril pasado de velocidad y me deslumbra con las luces largas. En eso pienso cuando me saca de la carretera, mientras doy vueltas de campana.

07 Rubio y con ojos azules

Pedro siempre había querido tener los ojos azules.

Por eso a su hermana Ana no le sorprendió demasiado cuando encontró a su hermano con la cabeza en el escritorio y dos bolígrafos BIC azules clavados en los ojos.

06 De blancos conejos estresados

  • Llego tarde. Llego tarde. Si, si. Llego muy tarde.

El conejo blanco no para de mirar el reloj en su PDA donde tiene apuntadas las tareas para el día, lo que hace que la chistera se le ladee hacia delante y tenga que apartarla con la mano.

  • Esperadme, estoy llegando. No empecéis la reunión sin mí.

No para de gritar por el pinganillo que une su cuerpo a la PDA de la que, al parecer, obtiene la energía que le permite dar saltos entre los árboles del parque.

Un parque céntrico en el que Alicia, simpática ejecutiva agresiva, morena, treintaypocos y nunca tan delgada como quisiera, solía ir a correr todos los sábados.

¿Qué hacía un conejo blanco en su recorrido semanal? Además hoy es sábado, no hay que ir al trabajo. ¿A qué reunión podrá ir?

Disimuladamente Alicia comenzó a seguir al conejo blanco, nunca se sabe donde puede surgir una oportunidad.

Dejó de escuchar música en su móvil-agenda, del que obtiene la energía a través de un cable terminado en dos pequeños cascos y que le permite correr persiguiendo al conejo blanco y lo puso en modo grabadora para ir anotando el recorrido que ya estaba siendo registrado gracias al GPS que incorporaba.

  • 10:15. Sigo a un conejo blanco a lo que parece una reunión realmente importante.
  • No compres, no vendas, ¡no cambies!. Esperadme, esperadme… Llego tarde. Si si…
  • Sombrerero, pásame el informe y así lo voy leyendo mientras llego. Llego muy tarde. Si si…
  • 10:38. El conejo blanco entra por el hueco de un árbol. Voy detrás suyo. La reunión debe ser ahí dentro. Estarán él, el Sombrerero Loco y todavía no está confirmada la asistencia del Gato de Yorkshire.

Al entrar en el hueco del árbol, Alicia pierde de vista al conejo blanco. Está oscuro y su GPS no funciona. Tampoco parece que haya cobertura.

  • Llego tarde, llego tarde.

¡Por ahí!

Los ojos de Alicia ya se han acostumbrado a la penumbra. No es que esté totalmente oscuro, pero si algo más sombrío que fuera del tronco del árbol.

Hay un pequeño descampado en el que parece que todo está preparado para una reunión. Mesas con botellas de agua mineral y caramelos en el centro y un proyector con un ordenador portátil cerca.

  • 13:22 (¿13:22?). Están todos: el conejo blanco, el Sombrerero Loco, un siete de picas y también la sonrisa del Gato de Yorkshire, así que él andará cerca.

Al parecer la reunión ha terminado hace un buen rato (efectivamente, el conejo blanco llega muy tarde). Por ahí llega dando saltos, sudoroso y con la chistera de medio lado.

  • Lo siento, lo siento. Llego tarde. Disculpad. Si si… llego muy tarde.

El conejo blanco se quita el pinganillo, la chistera y el chaleco en la mesa y de un brinco se mete en la cazuela que hay entre las mesas, en el centro del descampado.

Un cazo con agua, puerros, zanahorias, alguna patata, un buen puñado de albahaca, un generoso chorrito de aceite de oliva virgen y sal.

Un cazo con agua, encima de una cocina de inducción que el Sombrerero Loco maneja con soltura.

  • Conejo. Sabes que tienes que llegar con tiempo. Relájate, no te estreses, que luego tardas mucho más en cocerte y encima la carne queda dura.
  • Si si si… tienes razón perdona. Ya me relajo, ya me relajo. Pon el fuego bajito que eso me ayuda.

Alicia se dio la vuelta algo sorprendida. No sabía que fuera tan tarde y a ella también le estaba entrando algo de hambre.

05 Van dos

Van dos por la calle y se cae el del medio. El pequeño, el más delgado. Su compañero, un tiarrón enorme como una montaña, no se ha dado cuenta y continúa andando calle abajo.

El pequeño, se levanta rápidamente. Tiene las palmas de las manos raspadas por tratar de evitar la caída y la rodilla derecha magullada. Se levanta y va corriendo donde el gigantón.

  • Se puede saber porqué me has hecho la zancadilla – le espeta enfadado
  • ¿La zancadilla? ¡De que hablas! Iba andando tranquilamente a tu lado… bueno a tus dos lados, enano. Ja, ja, ja…

Al gigantón le ha hecho gracia su propia ocurrencia.

  • A tus dos lados… ja ja ja…

El pequeñín le empieza a golpear con los puños en la tripa, y eso aumenta la risa del gigantón. La risa le recorre el cuerpo provocando terremotos gelatinosos que apenas se ven afectados por los golpes del más bajito.

  • Ja, ja, JA, JA, JA… me haces cosquillas… JA JA JA…aaaa

De pronto el gigantón se lleva la mano al pecho, el pequeño le mira asustado y no tiene tiempo de apartarse mientras la enorme masa se desploma sobre él.

Iban dos por la calle y esta vez se cayeron los de los lados.

04 Bebe y olvídalo

  • Ja ja ja. Mira el viejo. ¡Si no se tiene en pie!
  • Déjalo está mamado.
  • Abuelo, que se ha pasado con el coñac.
  • Déjame en… paz, niñato de mierda. Urp.
  • Abuelo, vete a casa. Que no te tienes de pie.

El viejo se deja caer del taburete. Resbala y casi va al suelo, pero logra sujetarse a tiempo a la barra. Se pone recto como sólo la gente que ha bebido demasiado sabe hacerlo y se alisa el jersey lleno de manchas.

  • Joder viejo estás hecho un asco. Ja ja ja. Te va a caer una buena bronca cuando llegues al banco donde duermes. Ja ja ja.

El abuelo se gira y lo mira con lo que él cree que es una cara amenazante, los chavales se parten de la risa al verle gesticular. Recoge la bolsa en la que guarda unos periódicos y algo envuelto en papel de plata.

Sale del bar y se sienta en el banco de enfrente.

Los chavales al ver que sigue cerca se le acercan a vacilar. Están de fiesta y ahora el abuelo es la diversión hasta que el bocadillo que han comido en la barra les haga algo de efecto y les baje los 3 cubatas que llevan.

  • Que, viejo, ¿no encuentras las llaves? ¿Te ayudo a buscarlas? – se ofrece uno de ellos acercándose por detrás del banco, desde la carretera.
  • No me toques… gilipo…

El viejo se queda callado. Un BMW azul marino, ha pasado demasiado cerca, demasiado rápido y se ha llevado por delante al buscallaves. El BMW y el chaval están empotrados contra una farola 20m de frenada más abajo.

Los amigos están bajando corriendo a ver que pasa. Alguno ha sacado el móvil y trata de llamar a emergencias.

El viejo se levanta. Mira el accidente y al chaval destrozado encima del capó. Chapa y sangre mezcladas.

  • Un gilipollas menos – piensa – Pena que todavía queden otros 500.000.