67 Te visitaré en sueños

Siempre rompes el mismo jarrón al entrar. Es lo primero que haces. Entras desbocado, mirando curioso alrededor y cuando te das cuenta de donde estás, te asustas y rompes el jarrón. Al menos así es como lo cuentas siempre.

Por eso te he dejado esta carta dentro del jarrón, para que sea lo primero que te encuentres y la puedas leer con calma. Ya sabes dónde estás. Ya has reconocido la casa, el sofá, las estanterías con los libros de “Los cinco”. Es tu casa. Es la casa de tus padres, donde viviste toda tu infancia y donde vuelves en sueños todas las noches.

En realidad nunca has salido de allí. No has crecido. Te has quedado en la casa de tus padres, en la seguridad de tus cosas de entonces, con tus juguetes y tus libros. Según parece esos recuerdos, aunque polvorientos y medio derruidos, te aportan más felicidad de la que nosotros podemos darte.

Hemos pasado mucho juntos y aun así siempre vuelves a esa niñez en la que te sientes cómodo. Te encierras en tu habitación, con tus posters, con la música a tope para evitar oír lo que tengo que decirte: madura. Necesito que madures, que crezcas, que dejes atrás esos recuerdos. No que los olvides, eso no, sino que los dejes así, como recuerdos y que sobre ellos construyas recuerdos nuevos. Recuerdos más brillantes, más gozosos, recuerdos en color y no en blanco y negro. No de una casa vacía llena de telarañas y polvo, recuerdos con sonido, con risas, con las risas de tus hijos con el tacto de mis caricias, de mis besos. ¿Por qué no puedes construir nuevos recuerdos con nosotros? ¿Qué es lo que te atrae de esa infancia?

Todos hemos sido niños. Leyendo un tebeo con un chocolate caliente en una noche de invierno, tu madre secándote mientras tiritas después de subir a casa de jugar cuando te sorprendía una tormenta, cumpleaños, los días de playa… Todos hemos sido niños y luego jóvenes y adultos y si hay suerte envejeceremos. Y en todas esas etapas recogemos ladrillos con los que construimos nuevos recuerdos sobre la base de los anteriores. Ampliaciones y mejoras de la casa de tu infancia. ¿Por qué tú no puedes?

Te quiero. Siempre te he querido. Piensa en ésto como una muestra de mi amor.

He repartido por la casa fotografías, vídeos, objetos que hemos compartido todos estos años para ayudarte a construir imágenes nuevas en las que apoyarte y que te ayudarán a salir de esa infancia que te tiene atrapado.

Sé que lo puedes conseguir, pero necesitas tiempo y tiempo es lo que te he concedido.

Me he informado bien, no te pasará nada. Ahora estás en coma, pero no vas a sentir dolor. Necesito que te centres, que vayas tranquilamente por la casa y formes unos recuerdos nuevos y mejores, recuerdos que te liberarán. Tienes tiempo. Tienes todo el tiempo que necesitas.

Estarás bien atendido, no te preocupes. Ya he llamado a una ambulancia.

Ahora te dejo mi amor. Te visitaré en tus sueños.

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