68 Sin City, por El Greco

Los sábados por la mañana son para esto: cañas, discos y tebeos.

He agotado mi presupuesto para vicios en las cañas y los discos (unas maquetas de Soundgarden y el primer disco de Incubus) así que mientras los demás entran a por tebeos me quedo fuera para evitar tentaciones.

Revuelvo la bolsa para buscar el disco de Incubus cuando una falda mínima me distrae. Vicio. Levanto la cabeza para seguir la falda, bajo hasta los tacones y subo hasta los hombros. Dentro de la falda están la desesperación y la necesidad, así que me quedo justo fuera. Mejor promesas de vicio en la cabeza que las certezas de la vista.

Se acerca un pellejo arrugado a la Falda. Pellejo en blanco y negro: tez cetrina, jersey de punto gris oscuro y pantalones negros. La bola de papel arrugado mira de frente al escote de la Falda. Para él es rutina y desesperación.

Giro la cabeza para evitar la escena justo a tiempo para ver a dos turistas despistados. La parejita se agarra fuerte de la mano y acelera el paso. Una mano sujetando la de la pareja y la otra agarrando el bolso; Miedo e Inseguridad cruzan la plaza esquivando a los personajes. Inseguridad, pajarito asustado, golpea unos cartones en su huida y va al suelo. Miedo la ayuda a levantarse y, ¡oh milagro!, los cartones cobran vida y se yerguen ligeramente.

Inseguridad arrodillada, Miedo inclinado hacia ella y ambos mirando al Cartón Milagroso con los ojos como platos y el corazón agitado. No lo veo, pero sé que detrás del Cartón Milagroso un halo de luz ha formado una corona que enmarca al Cristo Borracho del Pelo Grasiento. Inseguridad y Miedo se transforman los dos en un único ser, Piesparaqueosquiero, que rompe la mística del momento saliendo zumbando entre gritos y sollozos.

Se ve que al Cristo le han crucificado mil veces y ha resucitado otras tantas, quizá de ahí la cara de zombi con la que observa la escena. Después de un par de miradas turbias, se amorra al brik para una transfusión y se envuelve de nuevo en el sudario de Fagor. Dormir es morir un poco. Resucitará al de unas horas y con suerte no será tarde para ir a por algo de pan. Amén.

Justo cuando se habían apagado los sollozos, nuestro beodo señor volvía junto a sus muertos, la extraña pareja de Falda y Pellejo negociaba la transacción y yo me volvía a centrar en el disco, un ángel tullido se puso a gritar desde las alturas: “Putas, ¡largaos de aquí de una vez!”.

Gabriel irritado; Gabriela. Puño en alto, hartazgo vengador desde el balcón del segundo piso. Seguro que hasta ahí llegaba también el olor sulfuroso de los meados. “Putas, ¡voy a llamar a la policía!”. El 112 en el teléfono, la espada de fuego de Gabriela, un cuerpo comprimido lleno de ira y dificultad para moverse.

Vuelven los colegas.

  • ¿Qué habéis comprado?
  • Sin City, de Frank Miller. Me han dicho que es la ostia.
  • Sí, está entretenido. Yo acabo de ver ahora la versión que dibujó El Greco.

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