Safari. Uniforme de rayas

  • Cariño, ¿dónde está la americana del traje de raya diplomática?
  • Donde siempre, colgada en el armario junto con las demás.
  • No la ve… ah. Ok, graciaaas. Me voy, llego tarde. Muac.

Quien piense que esta vida es divertida quizá debería plantearse mirar más allá del glamour de los trajes de raya diplomática. ¡Qué elegante el señor Gerti! ¡Cómo luce el señor Gerti! El señor Gerti está hasta el gorro de los trajes de raya diplomática, de salir a toda prisa por la mañana para ser el primero en llegar y coger un buen sitio y de sentarse a esperar horas hasta que le sirven la comida al bueno del señor Gerti.

Gerti, el señor Gerti, se está haciendo mayor y solo los madrugones le permiten mantener algo de ventaja sobre esos jóvenes con los mismos trajes a rayas solo que más lustrosos y brillantes.

El traje del señor Gerti se encarama a un árbol y el señor Gerti no tiene más remedio que seguirlo. El traje gira y le obliga a posar, obligándole a mantener posturas inverosímiles que le pasarán factura durante la noche. El traje se yergue y Gerti con él. Han visto algo… la comida por fin.

Gerti cierra los ojos, se concentra, retrocede todo lo que puede dentro del traje hasta hacerse minúsculo y ligero. Cede el control a las rayas.

Caminan sigilosos hacia la comida. Invisibles. De pronto, el señor Gerti nota como el traje acelera y le lanza hacia la parte de atrás. Una carrera rápida, un salto, y las mandíbulas cerrándose sobre la yugular del ñu.

  • Hola mi amor, ya he vuelto.
  • ¿Traes comida? No entres a casa con esas zarpas, que me lo dejas todo perdido de barro.
  • Sí, traigo comida. Ñu.
  • ¿Otra vez ñu? ¿No había cebra? El señor Tingo ha traído cebra del trabajo.
  • Sí, bueno…

El señor Tingo es un tocapelotas rastrero y cualquier día le van a hacer una segunda sonrisa. Hoy ñu y mañana, si hay suerte, más ñu.

Este cuento no se entendería sin su pareja Safari. Con casco y a lo loco.

Deja un comentario