La venganza

Jaime se afanaba en borrar las huellas de esa noche.

Trataba de quitar la sangre de la pared antes de que Isabel, su mujer, volviera a casa, cansada después de la jornada laboral.

Eran las 5 de la madrugada y 35º de temperatura. Sudoroso, intentaba hacer el menor ruido posible para que sus hijos, Pedro y Juan, no se despertaran.

Eliminaba las manchas con una sonrisa en los labios, ¡por fin se había vengado!, después de una noche interminable, pensaba que no conseguiría sobrevivir a ella.

La tortura física y psicológica a la que había sido sometido, por fin, había llegado a su fin.

Jaime había aprendido una lección: “por mucho calor que hiciera en verano, sería la última noche que dormiría con la ventana abierta, porque así había empezado todo, no quería que a su familia le ocurriera nada malo”.

Era una calurosa noche del mes de julio, el ambiente era denso, sudaba y no podía conciliar el sueño.

Decidió abrir la ventana y subir la persiana a ver si de esa forma entraba un poco de aire fresco, pero nunca pensó en lo que podía ocurrir.

Mientras intentaba dormir, entraron por la ventana sigilosamente, Jaime se pregunta cómo no los oyó.

Estaban entrenados para ello y se dirigieron hacia su presa: Jaime.

Lo sometieron a una tortura inigualable, no dejándolo dormir ni un segundo.

En un descuido, Jaime pudo levantarse de la cama, sin que se dieran cuenta y pudo terminar con los dos.

Aplastó a uno de ellos contra la pared de un puñetazo.

El golpe fue tan brutal que lo reventó, por ello la pared se manchó de una forma que no podía ni imaginar, “menos mal que 6 meses atrás había pintado la habitación con una pintura plástica de la que se quitaban las manchas con un paño húmedo”, pensó Jaime.

Rápidamente fue a por el segundo, le costó un poco encontrarlo porque se había camuflado en el dormitorio, pero en cuanto lo vio fue a por él sin titubear.

Esta vez utilizó sus pantalones, se ayudó de ellos para llegar a él y también pudo matarlo.

Al recordar lo acontecido no se sentía orgulloso de ello, pero lo primero era su bienestar y el de su familia, no quería correr riesgos y que sus hijos se vieran afectados.

Después de limpiar, durmió un par de horas hasta que llegó Isabel.

Se levantó como todos los días para desayunar con ella y contarle todo antes de se fuera a dormir y él llevara a los niños al colegio antes de irse a trabajar.

Le explicó con detalle la noche que había pasado y cómo había matado a los dos mosquitos que no le habían dejado dormir.

Otro cuento más de Eva, con una actualización de “El sastrecillo valiente”.
La verdad es que Eva (y María en breve…) están salvando estos días de síndrome de la página en blanco y de curro alimenticio.
Gracias por vuestros cuentos

5 comentarios sobre “La venganza

  1. Gracias John por tu iluminador y constructivo comentario.
    Mientras haya gente como tú, el mundo será un poquito mejor

  2. jaja!!

    que genial!!

    XD

    No sé cómo me salió esta página, pero me ha encantado tu historia, que genial!! XD

    A ver si subes más y me avisas =D

    SAludos! Nice work! 😉

    Ahí te ves!!

  3. Me ha encantado! La tensión que me ha generado la lectura de este cuento,al final,se ha convertido en una carcajada tremenda…Muy bueno!

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