¿Error o arrepentimiento?

48 ¿Error o arrepentimiento?

Habían pasado 30 años desde la última vez que se vieron.

Se conocían desde que habían nacido porque se habían criado en el mismo pueblo.

Candela era una joven guapa, extrovertida, con ganas de comerse el mundo.

Mario era todo lo contrario, introvertido, con miedo a expresar sus sentimientos y dejarse llevar.

Mario amaba a Candela desde la primera vez que la vio cuando tan solo tenían 5 años y coincidieron para ir junto a sus madres al colegio el primer día.

Fue imposible que Mario se declarara a Candela debido a los complejos que tenía ya que todos los niños se habían reído siempre de él, bajando su autoestima de tal forma que siempre había creído que no merecía ser feliz.

Fueron creciendo, Candela se fue a Madrid a estudiar diseño, Mario, debido a su timidez no se veía capaz de vivir en una gran ciudad, saliendo del círculo familiar y de todo lo conocido (casa, pueblo…)

Hoy, después de 30 años, Mario había vuelto a ver a Candela, en el barrio donde se criaron.

Les había costado reconocerse porque el tiempo no había pasado en balde, sin embargo, Candela se paró a hablar con él.

Mario llegó a casa a punto de darle un infarto al corazón de los nervios que traía, el corazón le latía a cien por hora después de haber hablado con el amor de su vida.

Estuvo todo el día pensando en ella, con una sonrisa que no se le borraba de la cara, su familia no podía creer lo que veían cuando le miraban a los ojos.

Pasaron varios meses y Mario, después de pensarlo mucho, se decidió a ir a casa de Candela para declararle su amor, no podía soportar más tiempo el callarse lo que sentía por ella.

Candela había vuelto, después de haber dejado la carrera a medias para casarse con un joven al que había conocido en el campus de la universidad.

Volvió después de 28 años dedicados exclusivamente a su matrimonio, y que terminó cuando lo pilló en la cama con su mejor amiga de universidad.

Volvió a su pueblo, a casa de sus padres, sin nada: sin casa, ni dinero, y casi sin dignidad, él se había quedado con todo.

Mario, salió temprano de casa para comprarle unas flores a Candela, además de para llevar algo en las manos en el momento en el que se presentara en su casa para expresarle sus sentimientos.

En el momento en el que salía de casa, llegó su hermana corriendo para darle una mala noticia.

  • Mario, no sé cómo decirte esto – dijo Irene
  • Irene, ¿qué pasa? ¿ha ocurrido algo malo?
  • Mario, Candela ha muerto

Mario no podía creer lo que su hermana decía, “no puede ser”, pensaba.

Corrió a casa de los padres de Candela.

La casa estaba llena de gente ya que es tradición velar a los muertos en el domicilio desde donde partían hacia la iglesia y posteriormente al cementerio.

  • Pobrecilla, con lo joven y guapa que era – decía la vecina de enfrente llorando
  • Dicen que tenía un tumor y que ha venido a casa para morir entre su familia, a modo de despedida – contaba la carnicera

Mario no podía creerlo, llegó hasta el lugar donde se encontraba la caja con los restos de Candela, haciéndose sitio entre la multitud que llenaban la casa, unos porque verdaderamente sentían la pérdida y otros para cotillear.

Se asomó para ver si era ella y cuando vio su cara, lo guapa que estaba, parecía que dormía, salió corriendo de la casa hasta la calle.

Las flores cayeron al suelo al mismo tiempo que Mario, donde empezó a encontrarse mal.

Un fuerte dolor oprimía su corazón, se iba deslizando hacia el brazo izquierdo, no podía respirar.

De repente quedó inerte en el suelo, donde acudieron deprisa los que presenciaron todo.

No pudieron hacer nada, Mario también había muerto.

Su corazón no puedo aguantar más, el hecho de que Candela, el amor de su vida, hubiera muerto y también porque no podía resistir la idea de pasar toda su vida sin ella y sin haberle dicho lo que sentía.

Una historia de amor preciosa de la colaboradora más prolífica de Tragedias Cotidianas. Gracias Eva.

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2 comentarios sobre “¿Error o arrepentimiento?

  1. Efectivamente, es una historia de amor preciosa, que nos obliga, tras su lectura, a detenernos unos segundos para meditar sobre nuestras propias vidas y sobre las oportunidades que hemos perdido por falta de atrevimiento, inmadurez o por ridículos complejos que nos han impedido decir lo que pensamos o sentimos realmente en un momento dado. Es una lástima porque la vida, realmente, todos y cada uno de nosotros, tenemos la obligación y el derecho de sentirla en su totalidad, sin prejuicios que nos impidan precisamente eso: vivir. La vida es una oportunidad en sí misma, no debemos en ningún momento desaprovecharla.Gracias Eva por este relato.

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