Ósculo es beso, del latín osculum

En los domingos de agosto uno está dispuesto a soportar las soflamas del cura con tal de estar una hora sentado a la fresca.

“Soflama”, del latín so y flama, llama tenue.

Solo los viejos recordamos ya algo de latín, y sentado en el banco pienso que es de lo poco cálido que queda dentro de esta iglesia, donde hasta los cirios son ya eléctricos. Y en cuanto nos retiren a Don Pablo, ni soflamas, ni discursos incendiarios. Nos mandarán uno de esos curitas cursis y repeinados que utilizan el fuego del infierno para calentarse los bajos.

Supongo que no se puede culpar a nadie de que el tiempo avance y también supongo que esto es lo que llaman progreso.

Desde mi banco en primera fila noto el aliento cálido de Don Pablo. Nos levantamos para recibir alguna bendición y puedo ver por encima de él los destrozos que han hecho las humedades en el retablo y la chapa de madera que tapa parte del ventanal de la derecha. Es una iglesia de pueblo, pienso, ¿qué esperamos?

La piedra es gruesa y ha aguantado bien, eso es lo que importa, tener unos pilares sólidos. Me giro hacia mi nieto que mira también las paredes aburrido y le digo “Son buenos pilares. Aquí no se oyen a los vecinos a través de las paredes como en casa”

Me entra la risa al decirlo y engaño a la familia fingiendo que toso. “No se oye a los vecinos”, ¡menudo susto si se oyera algún ruido! La iglesia del pueblo está en medio del cementerio, aquí la gente se muere mucho y rápido, así que cuanto menos paseo se haga, mejor.

Para entretenerme escojo una línea de cables en la pared y la sigo. Se pierde debajo de la alfombra al lado del altar. Supongo que es la mecha que prende los dos enormes cirios con bombilla LED de eficacia energética A, made in China, que están a los lados del féretro.

Estiro el cuello a ver si alcanzo a ver a mi prima. Se supone que estamos aquí por ella. ¿Se le verá el bigote? Siempre he creído que se lo cuidaba con especial mimo, como si fuera un general prusiano, si no, no se entiende.

Otra bendición, o agradecimiento no sé, todos para arriba.

Sí ahí está mi prima. Se la ve rara aunque conociendo como ha vivido bastante hace con mantenerse dentro del ataúd. No creo que haya tenido tanta gente tan cerca jamás. Mi prima podría haber sido la imagen de la loca de los gatos, pero odiaba a los gatos igual que odiaba todo lo demás, y simplemente era mi prima la morsa loca.

Sé que no siempre fue así, y he visto fotos de cuando no llevaba bigote. La he visto sonreír y la he visto también posando junto con el cura, con Don Pablo, y otro chico cuando Don Pablo entró en el seminario. Fíjate, “cuando Don Pablo entró en el seminario”. Supongo que por aquel entonces sería Pablo o Pablín incluso, pero estamos hablando de antes de la existencia del Imperio Romano, de la prehistoria. Tengo 60 años y no recuerdo que Don Pablo haya sido joven nunca.

Miro a Pablín, está sorbiendo el vino poco a poco del cáliz abollado de la iglesia. Lo comparo con las fotos en las que aparece en fiestas, agarrando la bota y tirándose el vino agrio por la camisa de domingo, provocando la risa de mi prima “la Morsa”. Y el otro chico, más mañoso, presumiendo y haciendo alarde con la misma bota de vino, camisa remangada, y mirando de reojo a mi prima que también le ponía ojitos.

La primera vez que la llamé “la Morsa” delante de mi padre me gané una colleja. Tenía ya 23 años y a esa edad ya no se reciben collejas de los padres. Me pilló por sorpresa.

“Que no te vuelva a oír eso nunca. Tu prima es una buena chica que ha sufrido mucho, desde que se le murió el novio no ha sido la misma. Respétala y trátala con cariño, lo único que le falta es que la familia se burle de su desgracia.”

¿”La Morsa” con novio? No, “la Morsa” nunca ha tenido novio ni nada parecido, pero mi prima Elena sí que tuvo. El mocetón de la bota de vino se fue a la mili enamoriscado de mi prima y no volvió. Una bala perdida, dijeron. Esa bala despistada que mató al novio de mi prima la transformó a ella en “la Morsa” y ahora no sé a quién estamos enterrando.

Miro al féretro y luego a Don Pablo. Está terminándose el vino y al bajar la copa le caen un chorro de vino en la casulla blanca. Don Pablo es Pablín y “la Morsa” es mi prima Elena.

Nos levantamos ya para irnos. Esto se termina.

Me separo un poco del resto de la familia y me acerco al féretro. Estoy viendo a mi prima Elena desde arriba. ¿Le habrá besado un hombre alguna vez? ¿Habrá notado las sensaciones que provoca un beso?

Acerco mi cara a la suya, cierro los ojos y la beso con fuerza con la responsabilidad del que da un primer beso.

Susurro, “Ósculo, del latín osculum. Significa beso ¿Sientes el calor que provoca en tu interior?”

Sonrío y creo que ella también.

Deja un comentario