No me echas tú, me voy yo (I y II)

No me echas tú, me voy yo (I)

  • ¡No me echas tú, me voy yo!

Diciendo esto, metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón. Sacó una pequeña pistola que se veía diminuta en su mano, aproximó el cañón a su sien y apretó el gatillo.

Le correspondía una indemnización de 30.270 € por los años trabajados en la empresa.

En recursos humanos (“recursos humanos”, qué palabras para designar a un trabajador) no saben ahora si ese dinero corresponde a su viuda.

No me echas tú, me voy yo (II)

  • ¡No me echas tú, me voy yo!

Diciendo esto, metió la mano en el bolsillo derecho del pantalón. Sacó una pequeña pistola que se veía diminuta en su mano, aproximó el cañón a su sien y, con una sonrisa de medio lado, lo giró apuntando a la persona que tenía enfrente.

Le descerrajó 4 tiros y ha conseguido un contrato indefinido en la cárcel de Basauri.

No se puede permitir lujos, pero la seguridad de la rutina y de qué es imposible que le echen le aportan una calma y una tranquilidad que no recuerda haber tenido en su anterior trabajo.

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