La gripe

Te levantas angustiado sin poder respirar,con la cabeza embotada mirando sin ver buscando alguna ventana, buscando la puerta. Apenas si puedes oír, tus pasos, los golpes de los objetos que tiras al suelo mientras braceas a la puerta del dormitorio gritando, el despertador, todos los sonidos están amortiguados.

Gritas, gritas tan fuerte que te duele la garganta ya irritada y tus oídos apenas perciban un susurro de lo que debe ser un tremendo chillido.

Abres la puerta braceando con los pulmones a punto de estallar y ves a tu madre subiendo las escaleras hacia ti.

  • Ven, suénate, suena fuerte – oyes débilmente mientras te acerca un pañuelo de papel a la nariz – Eso es, ¿mejor?

Si. Te encuentras mejor. En los pulmones entra aire, mejor.

  • Gracias mamá. Me estaba ahogando.

Bajas a desayunar sabiendo que hoy has burlado a la muerte. La has visto deslizarse en forma de mocos y baba entre los pliegues del pañuelo de papel.

Te tomas el cola-cao y te preparas para ir a la escuela. Acuérdate de dejar encima de la mesilla un pañuelo antes de irte a dormir, hoy has tenido suerte y estás vivo para ver amanecer una vez más.

Deja un comentario