Cada cual cuenta la feria según le va

Hace un día precioso, con el sol acariciando los cuerpos, dándoles calor en esta mañana de invierno. Y el silencio. No el silencio atemorizado al que estaba acostumbrada. No ese silencio, sino el de la calma, la tranquilidad. La mujer vestida de negro pasea con los ojos cerrados. Camina despacio respirando hondo, atrapando la calma y el olor de los cipreses en sus pulmones. Mira las esculturas de los lados y sonríe. Angelotes gordos, rotundos, revolotean entre las flores.

Las flores. Hay flores por todos los lados: claveles, narcisos, margaritas. Todas abiertas, todas soltando su perfume que se mezcla con el olor a verde del camino y que hace que el paseo bajo el sol resulte perfecto.

Hasta los ruidos de los aviones que aterrizan al lado contribuyen al paisaje. Lo hacen real, tangible, hacen que no sea un sueño ni nada que la mujer pueda estar imaginando. Para cerciorarse, la mujer extiende una mano y haciendo fuerza coge un par de las pequeñas piñas del ciprés más cercano. Se las lleva a la nariz y aspira fuerte. No lleva luto, lleva un traje de gala para una fiesta en la campiña. Fiesta en la que su marido, con traje de pino, es el invitado principal.

Unos pasos por delante de nuestra mujer, camina encorvado un señor mayor. Se detiene un momento y mira a su derecha. Un Cristo agonizante e informe, con la mitad de la cara desgastada le devuelve la mirada. El suelo está húmedo, embarrado, el hombre resbala ligeramente y golpea los restos de unas flores de plástico con los zapatos sucios. La sombra de los cipreses da al conjunto una imagen tétrica, el hombre avanzando con dificultad por un túnel rematado en un agujero fangoso. Mira las telarañas en los cipreses, las manchas de moho en las figuras, los mármoles rotos que dejan al descubierto oquedades llenas de restos de hojas y papeles.

Y los aviones, acarreando turistas sobre su dolor. ¿Es este un lugar para el descanso? Están llegando al hoyo. El viejo se aparta un poco del camino para limpiarse el zapato de barro. Levanta un poco la vista y se encuentra con los contenedores de basura llenos de flores mustias, plástico retorcido y quién sabe qué más porquería. ¿Es este lugar para un héroe de guerra? ¿Es este lugar para un hijo?

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