18 Inerte

La sala blanca realmente no alentaba una confesión en toda regla, pero era algo que tenía que sacarse de dentro.

Empezó despacio, cuidando donde pisaba, midiendo las palabras y, a medida que el otro asentía, se lanzó. Soltó todo.

  • Doctora, es que realmente no sé si lo puede entender. Había estado con él apenas la noche anterior. De fiesta. Y todo fue bien, muy bien diría.
    Paquito y yo.
    Doctora, tenía que habernos visto. ¡Éramos los reyes de la fiesta! Éramos…
    Y al despertar, lo pude sentir ahí. A mi lado, frío. Sin moverse. Inerte. Muerto. Muerto, doctora, muerto… ¿lo entiende? Muerto.
    Joder… yo no, todavía no lo entiendo. No me entra en la cabeza.
  • ¿Y que hizo usted?
  • No sé. Quiero decir. No lo recuerdo bien. Estaba algo resacoso, y el shock… no sé.
    Creo que fui al baño a vomitar. Sí, a vomitar. Y luego me lavé la cara. Con agua fría. Si, me lavé con agua fría y jabón. Deje correr el agua por mi cara y me miré al espejo.
  • ¿Y el muerto?
  • Sí, el muerto. No se me iba de la cabeza, ¿sabe? Me espabilé un poco, me di ánimos. Ya sabe, hablando solo. Hablando con el espejo. Buscando algo de valor para enfrentarme con Paquito. El muerto, sí, perdone. El muerto.Seguía ahí.
    Lo intenté reanimar. Le froté con algo de colonia. No tenía alcohol, y es lo primero que me vino a la cabeza; unas friegas. Mi abuela me daba friegas de alcohol cuando estaba cansado. Para calentar los músculos, ¿sabe? Funcionaba.
    Quizá no estuviera muerto. ¿Sabe? A veces parece que haya muerto de lo profundamente que duerme. ¿No le ha pasado nunca? Está dormido, tirado, y llegas a pensar que ha muerto, pero no. Duerme. Sin más.
  • Entonces, ¿logró reanimarlo?
  • No. Inerte, doctora.
    Igual.
    Y me vine para aquí.
    Doctora, ¿qué hago? ¿Qué puedo hacer?
  • Tranquilícese. Estas cosas ocurren más a menudo de lo que nos gusta reconocer.
    Mire, para empezar, se va a tomar estas pastillas. Una diaria, antes de acostarse. Es un vasodilatador bastante suave.
  • Y con eso, ya sabe… ¿resucitará?
  • Confío en que sí. Pero recuerde que, a su edad, estos casos son relativamente frecuentes.
    La disfunción eréctil no es el fin del mundo. Puede que le ocurra más veces, no es una cura milagrosa. Lo importante es que usted lo sepa llevar.
  • Pero doctora… yo estoy bien, ¿sabe? En plena forma.
  • No lo dudo. Tome la receta y vuelva a visitarme dentro de un mes, a ver si el muerto ha resucitado.
  • Eso espero.
    Gracias doctora. Me ha ayudado mucho hablar con usted.
  • No lo dudo, Manuel.
Para Raysa.
Felicidades.

1 Comment

  1. Ayer estuve a punto de ponerte un comentario en el anterior cuento porque hacía mucho más de 15 días de su publicación, pero ya he visto que has vuelto! ¿las vacaciones muy duras? :)

    Pobre paquito, la guerra que da. Aunque este tipo de muertecitos tiene la suerte de las pastillitas azules, eh? Pensé que eran dos amantes y que tras una juerga impresionante y mucho mambo uno de ellos se quedó frio pero no…bueno si, en el fondo son dos amantes ;-)

    Un beso y bien por tu “vuelta”!

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