10 El Alex

La calurosa mañana de febrero en que Beatriz murió, noté que las carteleras de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios.

Es curioso, creía que habían prohibido ese tipo de publicidad.

Conocí a Beatriz a través de Alex, “el Alex” como le llamaban en el grupo. El Alex era uno de esos estudiantes eternos, de universidad con Erasmus, master y doctorado. Beatriz compartía piso con él. Un piso pequeño de 2 habitaciones.

Al Alex le conocí en una fiesta en el piso. Era argentino y ejercía como tal. Creo que estaba estudiando Filología griega o algo similar, pero era capaz de inmiscuirse en conversaciones de cocina tailandesa o de astrofísica con la misma pedante soltura. No era difícil que te cayera mal. Todo el conocimiento se encontraba encerrado en su pequeña cabeza greñuda. Todo lo sabía.

No sé qué pasaría por la cabeza de Beatriz cuando empezó a salir con él. Estuvieron juntos hasta que ella murió. El Alex había empezado a trabajar en una editorial poco antes de que Beatriz enfermara. Llevaba tiempo escribiendo un libro (siempre procuraba mencionar el libro) y supongo que el trabajo en la editorial era una forma de acercarse más a su meta de verlo publicado.

En otra fiesta de estudiantes, el Alex un poco borracho, me llevó a un aparte y me enseñó parte del libro. Me dejó el borrador de un capítulo (¡50 páginas!) para que lo leyera. Nunca había mostrado el más mínimo interés por mi, así que supongo que el hecho de que yo estuviera saliendo con una conocida periodista influyó en ese arranque de camaradería.

En mi estado, después de 6 o 7 copas, lo cogí y cuando volvía a casa, me dí cuenta que lo había perdido. “Bueno”, pensé, “le contaré alguna mentira piadosa”.

Han pasado varios años desde entonces. Beatriz ha muerto, yo sobrevivo con más pena que gloria y el Alex… bueno, el Alex ha publicado su libro. Es un super-ventas y vive dando conferencias e impartiendo clases magistrales. Todo el conocimiento del universo sigue concentrado en un único punto, en el Alex, el pedante argentino. No es el primero ni será el último.

A veces veo a gente con su libro en el metro. A mi, el Alex, siempre atento, me envió una copia de la primera edición. Solo me queda la mitad de sus 1200 páginas. Como Pepe Carvalho, lo utilizo para alimentar la chimenea.

Éste va a ser un invierno especialmente crudo.

2 Comments

  1. Que conste que conozco argentin@s simpáticos, majos, y hasta normales!! pero es cierto que algunos son, simplemente, insoportables
    Prejuicios tontos por un lado y teniendo en cuenta que utilizar un libro para calentar la chimenea me parece un acto atroz (aunque sea de Pio Moa), me da la sensación que ese Alex no caía demasiado bien… ¿qué? ¿a que tengo una intuición increíble? :op
    Por cierto, el otro día escribí un relato corto con un muertecito como tu dices y me acordé de tu sección ¿serviría así?
    Un abrazo majo

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