01 Para empezar, un suicidio

7:15 de la mañana. Puf, 5 minutitos más. 7:20. 7:25. 7:30… 7:45… ¡Arriba exploradores!

Me levanto de mala gana, medio dormido. Sonámbulo, empiezo la rutina.

Ducha. Me jabono la cabeza, busco el gel y me jabono el cuerpo. Voy despertando. Menos mal que hoy no me tengo que afeitar porque voy tarde. 8:05. Mientras me seco voy haciendo un repaso mental de lo que tengo que hacer en el día. Es final de mes, menos mal que cobramos. No conozco nada mejor que una hipoteca de 1000 € al mes a 35 años como aliciente para ir a trabajar. Bueno, tal vez una hipoteca de 2000 € al mes a 40 años, pero para llegar eso más me habría valido quedarme en casa de mis padres.

En fin.

Me visto con la misma ropa de ayer, bueno cambio el jersey. Es lo bueno de ser tío, se permiten ciertas licencias. ¿Te imaginas tener que cambiar todos los días de conjunto? ¿Elegir ropa a diario? ¿Alisarte el pelo? ¿Depilarte las cejas? Es en estos momentos y a la hora de ir a mear en una noche de copas cuando se agradece ser tío.

Desayuno. Zumito de naranja marca blanca con el aporte vitamínico necesario para aguantar otro día de trabajo. Café con leche. 2 de azúcar. Nescafé especial. Un vicio caro, pero no tengo muchos.

El minuto que tarda en calentarse el café coloca el reloj en las 8:20. Maldito microondas, ¡qué lento es! Ocho y veinte… más 5 minutos para cepillarme los dientes, coger la chaqueta y las llaves, más los 15 o 20 minutos de atasco para recorrer los 2 km hasta el trabajo me dejan… bastante lejos de las 8:30, así que llegaré tarde.

Una vez llegas tarde, es mejor redondear. Mejor 9:00 que 8:43 o 9:30 antes que 9:12. Es más sencillo para el enanito que vive en la diminuta máquina para fichar y que se encarga de apuntar las horas de entrada y salida. Y yo soy una persona amable. Especialmente con las minorías.

Bueno, nueve y media y en el curro. Como un reloj. Tendré que recuperar esta hora a la tarde. Genial, chaval, otra vez llegas a casa justo para cenar. Propósito de enmienda: mañana me levanto a las 7 y así dejo de hacer el bobo.

  • Buenos días
  • Buenos días

… ante todo, BUENOS DÍAS.

Introduzco el usuario y contraseña y me voy a sacar el primer café de máquina mientras arranca el ordenador. Así continúo el repaso de las tareas que dejé a medias en la ducha. Esta semana tengo que entregar 2 módulos de la aplicación de cuentas y hoy tengo una reunión a las 12. Que no se me olvide revisar antes el acta de la reunión anterior, que siempre parezco medio bobo sonriendo y sin saber de que hablan la mitad de las veces. “Así no vas a llegar a nada, hijo”. Gracias por el voto de confianza, papá.

Bueno, al tajo. Lo primero revisar el correo no vaya a haber algo urgente. Aumento de pene, viagra, CDs de Adobe Photoshop a mitad de precio, curso de mercadotecnia avanzada… No, nada urgente, así que me pongo con las tareas. 9:54.

A las 11 descanso para el café. Mi tercer café de la mañana. Se habla de fútbol, del fulano que han despedido, lo buena que está Sara también hoy. Tonterías para hacer llevaderos los 30 minutos del descanso.

Me aburro, vuelvo a la oficina. Al menos con el ordenador no tengo que escuchar tantas palabras vacías (void, null, …). 11:28.

La mañana termina sin mucho más. Ni siquiera la reunión de las 12 aporta nada reseñable. Un par de manoletinas, algún quiebro de mérito, y mucho humo para el poco fuego que hay. Ale, a casa a comer que hay gazuza. 14:15

Bueno, al bar de la esquina. ¿Qué hay Paco? Si, ponme un bocadillo de lomo y un pincho de tortilla. Si, de la de pimientos. Dile a Natalia que le quedan de muerte. Ah, y una cañita sirbuplé.

Ojeo el periódico local mientras voy comiendo las delicias de Natalia servidas por Paco. Después, un paseito por el parque para bajar la comida. A estas horas no hay yonkis y casi no se notan los restos que dejan. Algún acabado con su brik de vino da algo de color a la escena. Color tinto, por supuesto.

15:51. Está visto que mi amabilidad con el pobre enanito no ha durado demasiado. Perdona David (no sé como se llama, pero yo le llamo David), ya te compensaré mañana.

Tengo un módulo terminado, probado y funcionando con soltura. El otro módulo que me queda por entregar lo tengo algo atravesado, pero eso es lo que da alegría al día (¡menudo alegrón señora!). Consulto el correo. Vídeo chorra, viagra, cialis, estampitas de la virgen del ramo. Bien, parece que no hay nada que no pueda esperar.

16:28. Esto marcha. Cierro los ojos y calculo mentalmente “me quedan sólo 2 horas y media, ánimo chaval”. Si me centro en la tarea se pasará rápido. Pero antes, un café de máquina.

16:37. Con lo largo que es 1 minuto de microondas y lo rápido que hace café esta máquina. De vuelta al sitio.

If then... x=32... esto marcha. 17:48… en poco más de 1 hora me voy. function this, that y lo de más allá. Teléfono. Un par de mails. Probando… probando… si, si, 1-2-3, ¿funciona la aplicación? Si… si… Uuuuno… Uuuuuno. Si… .18:12. El último café.

Repaso lo que hay, compruebo que lo que me queda por hacer para terminar el segundo módulo. Es sencillo y me relajo. 18:47. Echo un vistazo al periódico por Internet, ordeno la mesa… y a casa. 18:59. ¡En el día de la marmota!

19:00. Salgo de la oficina… de nada David. La hora que me falta la recuperaré mañana.

Aprovecho el atasco de vuelta para escuchar algo de música. Algún clásico que no me ponga de mal humor y evite que baje a partirle la cara al del A3 que me está comiendo el culo. Venga, Dire Straits, que me las sé todas. “Güi ar de suuuultans of suiiiinnn…”

19:36. Llego a casa. ¿Un café con leche y galletas? Venga, hace. Así desconecto… más. Me quitará el hambre para la cena, pero visto lo que hay en el frigorífico, quizá sea lo que me salve.

Bueno, chaval. Ya has remoloneado demasiado. Vete para arriba y ponte con el ordenador de nuevo. Ese proyecto que tienes entre manos no va a salir sólo… ni acompañado. No es de salir, me parece a mi.

Pongo la televisión. Anuncios. Veo tres. Bonitos… ojalan se mueran sus creadores. Cambio de canal. Teleserie yanqui. De éxito, por supuesto. Médicos, abogados o policías. ¿O era un médico que hacía de abogado y estaba investigando un crimen? Lo mismo da. Como si es Titanic, no estoy para nada ya.

21:47. Puf, me he quedado dormido. Paso de cenar. Me da pereza hasta hacer un huevo frito. Mejor me pongo el pijama y leo un poco. A ver si soy capaz de meterme pronto a la cama.

22:06. Ya me he cansado del libro. Pongo la tele a ver si dan alguna película. Anuncios. Veo un anuncio, me empiezan a fallar los reflejos. Miro la tele pero no le presto atención. Estoy pensando en el día que me espera mañana, que es el mismo que el de hoy, que el de ayer. El mismo día que llevo viviendo desde que dejé la universidad.

Trabajo, bocadillos para comer, más trabajo para pagar la hipoteca, televisión, a veces cervezas… joder esto no es vida.

Ciertamente esto no es vida. Miro la televisión. Están dando un anuncio de un coche. Un todoterreno superecológico de estilizadas líneas.

Cojo carrerilla y embisto la tele. ¡No te van a salvar los 20.000 airbags mamonazo!. La tele hecha añicos, y mi cabeza destrozada con el frontal del coche. Tumbado, en el suelo, sangrando, imagino que puedo sentir los números de la matrícula marcados en mi frente. Me hace gracia.

Pobre David, le he dejado a deber una hora. Bueno, alguien la pagará por mi.

1 Comment

  1. ¡hey! pues yo hoy he tenido un día de locura, con una relativa sensación de día de la marmota pero… he llegado a casa, abierto el correo y ¡allí estaba el señor Sergio!
    Creo que me va a gustar este rincón de tragedias cotidianas, es más, con tu permiso (si me lo das) lo voy a enlazar en mi espacio personal. Si, si, que yo también lo tengo ¿qué te pensabas?
    Besos

    PD Y por dios, ten un detalle con David hombre!

Leave a Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: