Vicio malo

Solo le quedaba un cigarrillo. Un señor cigarro. Un último pitillo. Un concentrado de hierbas, alquitrán y algún saborizante maligno. Posiblemente con gluten, aceite de palma y trazas de sésamo. Lactosa, azúcares añadidos y grasas saturadas.

Triste, observaba esa pequeñez infame envuelta en un tubito de papel. En un sudario cubretodo. Un minúsculo féretro blanco, con un niño perverso en su interior.

“Eres hierba y en cenizas te convertirás”, pensaba solemne, y lo acercó a la llama del mechero. Su último pitillo. Un señor cigarro. El único cigarrillo que le quedaba, arde ahora entre sus dedos.

Vinos de autor

El malvado Luthor había puesto kryptonita en la bodega. No me gustaba que hiciera esas cosas, lo habíamos hablado en las reuniones, pero él insistía que ese precisamente era el componente que daba al vino el punto de sabor que apreciaban los críticos. Me llamaba clásico y cuando estaba realmente enfadado, obsoleto y anticuado. El malvado Luthor era un imbécil pero mientras el vino se vendiese podría seguir haciendo sus experimentos. He meado en las barricas del vino que se va a embotellar este año, francamente, no le aguanto más en mi bodega.

Amarras

Cerró los ojos y sopló las velas del barquito. Al abrirlos de nuevo, el barco de juguete yacía varado en una bolsa de plástico en medio del estanque. No había escapado medio metro de la orilla. “Ve. Vuelve con mamá”, le dijo entonces a su hijo. El niño corrió torpemente hacia su madre hasta alcanzar el puerto seguro de su regazo. Miró el barco encallado y a su familia por última vez y huyó.