Reciclaje (ángel)

—Arranca. Hay un ángel muerto en la basura

—¿Un qué?

—Un ángel. Vámonos de aquí de una vez.

—¿Seguro que es un ángel?

—Seguro. Una buena mata de pelo rubio rizado, dos alas como de gallina pero mucho más grandes y no tiene… ya sabes… no tiene pito ni nada.

—¿Has mirado ahí?

—Solo para asegurarme, no soy un pervertido. ¿Quieres arrancar de una vez?

—¿Y dónde está?

—Entre el contenedor de papel y el de plástico. Allí tirado, como si se hubiese caído de un quinto piso o de más alto. Tiene un buen golpe en la cabeza, pero nada de sangre. Supongo que porque son etéreos y eso. Imagino que tendrán los huesos huecos como los pájaros y tal vez no tengan entrañas ni nada. Para aligerar peso, digo.

—Pero siguen siendo orgánicos, ¿no? Quiero decir que por muy raro que sea, no deja de ser orgánico.

—Supongo que sí. Le he dado un poco con el pie y la sensación era como tocar a uno de esos perros sin pelo, ¿sabes los que te digo? Dan un poco de repelús esos perros.

—Lo que me refiero es que no le podemos dejar ahí tirado. Si es orgánico, debería ir al contenedor de basura. No es plástico y desde luego no es de papel, ¿verdad? Entonces debería estar en el contenedor de basura orgánica.

—Visto así, puede que tengas razón, pero ¿no es mejor dejárselo a los de la tarde y no meternos en líos? Igual si lo dejas ahí tirado viene alguien y se lo lleva, como pasa con los sofás. No sé quién querría meter un ángel en casa, pero quizá en un txoko, o en una casa de campo, aunque solo sea por curiosidad. No sé, yo prefiero dejarlo.

—Eso es omisión del deber. ¿Qué sociedad sería ésta si dejamos que el caos se apodere de la separación de basuras? Si nosotros que debemos ser los garantes de que se cumplan las normas somos los primeros en saltárnoslas a nuestro antojo esto sería un caos. Yo no quiero que mis hijos hereden una sociedad así. Vamos, baja del camión y echa al ángel al contenedor de basura orgánica.

—Es que luego está también el tema del alma. Una persona tiene alma. Un animal también tiene alma. Si nos encontramos un hombre tirado en la basura o un perro o un gato, llamamos a quien corresponde y llamamos porque sabemos que todos los bichos tienen alma y merecen un respeto. ¿Tienen alma los ángeles?

—Mira que eres burro, ¿cómo va a tener alma un ángel? Un ángel es solo un trozo de arcilla, piel y contrachapado que hace Dios para luchar contra los demonios. Ya has visto que no sangra y ni siquiera tiene sexo, ¿qué va a tener alma un ángel? Es orgánico porque Dios los moldea así, parecidos a nosotros pero más bonitos y blandos, para que no nos den un susto si se aparecen luchando contra el mal. No es lo mismo un terminator que un ángel, eso está claro. Te aparece un terminator el día del juicio final y te meas encima, en cambio un querubín de estos es otra cosa; te vende mucho mejor la idea del Paraíso. Un terminator sería mayormente de plástico, un ángel, es del contenedor de orgánico. Baja de una vez y échalo a la basura, que vamos tarde con el recorrido.

—Bien. La verdad es que no pesa nada, es muy ligero, ¿sabes? Ya bajo. Muy ligero. Si yo fuera así de ligero también podría volar, pero tengo vértigo. Bueno, y algún kilo de más.

—¿Bajas de una vez?

—Sí. Ya voy, no me metas prisa. Ya bajo.


* Este cuento ha sido publicado en el número 42 de la revista Fábula (primavera-verano 2018).