63 A por setas al “Pan de azúcar”

Cuando despertaste el dinosaurio podría haber estado allí.

Me imagino que lo vigilas escondido entre los almendros pelados, sin hojas pero cargados de almendrucos que ya nadie va a ir a recoger. Lo vigilas agazapado, callado y sin hacer ruido a pesar de la distancia que os separa, pensando que con el crujir de una rama, con una respiración demasiado alta, el dinosaurio podría salir de entre la niebla y, cruzando el río, plantarse en dos zancadas en tu escondrijo.

No estás seguro entre los almendros… demasiado alto. Si yo lo puedo ver, el me podría ver a mí también, piensas. Hay poca vegetación: mucho matorral, hierba baja y algunos olivos abandonados que proporcionan la única nota verde de esta mañana de otoño.
Bordeas con la mirada la colina desde la que observas, bajas la cuesta por entre los almendros y subes ahora la colina de enfrente. Podría estar entre los olivos, pero estás seguro de que ese no es un buen sitio para él. ¿Alguien ha visto alguna vez a un dinosaurio recogiendo aceitunas? ¿Vareando los árboles para tirarlas y llevarlas a su cubil?
Cruzas con la vista la esquina del río que puedes ver desde donde te encuentras y llegas a la falda del gran monte que tú llamas “Pan de azúcar”. Vigilas los campos pelados que hay a la izquierda. Luminosos y coloridos hace menos de un mes pero que ahora, sin hojas que cubran la vid dejan ver los tocones en hibernación y un manto de tierra yerma. ¿Habrá arrasado con todo lo de alrededor para que nadie pueda acercarse sin ser visto? Apoyas la mirada en la lengua de agua que queda visible y fijas la vista en la base del “Pan de azúcar”. Estás cerca y, aunque solo avances con la mirada, notas que respiras acelerado.

Hay que subir con cuidado, prestar atención, fijarse en los detalles.

El “Pan de azúcar” es un cono casi perfecto y en la cúspide hay una niebla perpetua en la que puedes sentir su presencia. Una niebla espesa que hace que el monte se diluya en su extremo y se una con el cielo que amenaza lluvia formando un todo.
¿No tiemblas al estar tan cerca? ¿No tiemblas al llegar donde quizá nadie ha llegado? ¿No tiemblas al escudriñar entre la niebla?

  • ¿Es verdad eso ama? ¿Es verdad lo que ha contado aita?
  • Que el cielo amenaza lluvia, sí. Que un dinosaurio podría haber estado por ahí y ahora os espera escondido entre la niebla… quizás hace miles de años, pero ahora es más probable que os encontréis con algún corzo que huya asustado.Si queréis recoger alguna seta que merezca la pena debéis daros prisa.
    Anda, ponte el chubasquero y coge la cesta, no vaya a ser que el dinosaurio os coma todas las setas.¶
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62 Ejercicio de otoño

Ante la ausencia de presencias me vi solo. Cogí la calle camino de la parada del autobús, rodeado de hojas enrojecidas por los primeros fríos y por los aullidos dolientes del viento.

El frío me subía desde los pies, insuficientemente cansados para la época, víctimas de la moda de los demás que hace imposible encontrar algo cómodo y del gusto del usuario.

La cabeza rendida ante el calabobos, pensando en los dedos azules dentro del calzado mojado, avanzaba firme en la noche prematura camino de la parada que me acercase al sueño.

Jugaba con las monedas, 1.10 €, necesarias para pagar a Caronte la noche en la barca de la línea circular de la compañía municipal de autobuses.

Cogía el autobús-cama en el inicio de mi hibernación, que este año se había adelantado. Generalmente me retiraba a mi cueva del penúltimo asiento a la derecha cuando la temperatura empezaba a tontear con cambiar de signo y cuando las cuevas-albergue se llenaban de gente más previsora.

Llegué a la parada golpeando el aire con decisión al caminar sorprendido por el silencio repentino tras la noble marquesina (la “noble” marquesina). La lucha con el fiero otoño bien merece un descanso.

Ahí viene Caronte en su barca azul y amarilla. Hay almas dentro. Subo muerto de frío a ocupar mi lugar. He pagado pero no para que me orille en el reino de Hades, si no, si hay suerte, para que me deje dormir caliente mientras da vueltas durante 100 años o al menos 6 o 7 horas.

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