74 Lázaro S.L.U.

Newlife. Siente como retrocede el tiempo ya desde la tercera dosis. Newlife. Mantente joven por siempre y sin efectos secundarios. Por solo 99 köpecks tendrás en tus manos el elixir de la eterna juventud.

  • Disculpe que le moleste señor Debetania, pero nos estamos quedando sin S-42, ¿utilizamos alguno de los A?
  • No, no. ¿A cuánto está el S-42?
  • Apenas a un 20% y las últimas muestras indican una tasa de rejuvenecimiento de apenas el 10%
  • Bien, utilicen los placebos junto con algún M. Lanzaremos campaña promocional y así mantendremos facturación. ¿Todavía quedan M verdad?
  • Sí, todavía quedan.
  • Puede retirarse.

El tiempo se agota y en algún momento habrá que echar mano de alguno de los once A disponibles, los otros dos no se tocan. Son de uso exclusivo del Sr. Debetania.

Se hicieron pruebas con A-13, Iscariote J., el menos valioso de los A, con resultados muy prometedores. Una vida útil 5 veces superior al mejor S y con los métodos de extracción de hace 5 años.

Es complicado conseguir materia prima. Solo hay trece tipos A y no va a haber más. Para tranquilidad del Sr. Debetania, Lázaro S.L.U. tiene la mayor parte de ellos, aunque no los ha utilizado más que de forma muy limitada.

Para el mercado masivo, normalmente se utilizan M combinados con S. La calidad de los M es muy variable, hay mucho charlatán y el producto final se resiente.

Los S en exclusiva se usan en la línea premium, una producción limitada disponible para una clientela selecta dispuesta a pagar por la exclusividad.

Los S empiezan a ser un verdadero problema. S-42, Teresa de C., ha mantenido ella sola la producción los últimos 15 años. Una materia prima de primera calidad y las recientes mejoras en las técnicas de extracción, han conseguido alargar su vida útil casi un 15%. Ella sola ha sustentado los planes de expansión de la compañía que hoy en día vende sus productos en todo el mundo conocido.

Pero no hay que dormirse en los laureles.

La empresa dedica casi el 40% de los ingresos a I+D+i. Dispone de oteadores por los cinco continentes encargados de buscar los escasos restos de tipo S que puedan quedar. También tienen la misión de reportar cualquier posible M o incluso tipos N en los que se diera cierta predisposición hacia la santidad para las granjas de educación.

Las granjas de educación y adoctrinamiento son el proyecto estrella de Lázaro S.L.U. En ellas se mantienen a N de alta capacitación junto con algún M en un entorno controlado donde se simulan las condiciones propicias para la creación de S. Es un proyecto de futuro, desde luego, pero en el que todos en la compañía tienen puestas grandes esperanzas.

El negocio ahora va bien, pero los recursos son limitados. Hay que buscar alternativas o se volverá a los ungüentos de mercachifle de épocas pasadas. Y el mercado demanda milagros. Milagros embotellados primorosamente.

Lázaro Debetania lo descubrió hace mucho tiempo. Él ha acercado la eterna juventud a todo el que pueda pagarla.

Como dice el eslogan de Lázaro S.L.U., “hacemos milagros todos los días”

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73 Ósculo es beso, del latín osculum

En los domingos de agosto uno está dispuesto a soportar las soflamas del cura con tal de estar una hora sentado a la fresca.

“Soflama”, del latín so y flama, llama tenue.

Solo los viejos recordamos ya algo de latín, y sentado en el banco pienso que es de lo poco cálido que queda dentro de esta iglesia, donde hasta los cirios son ya eléctricos. Y en cuanto nos retiren a Don Pablo, ni soflamas, ni discursos incendiarios. Nos mandarán uno de esos curitas cursis y repeinados que utilizan el fuego del infierno para calentarse los bajos.

Supongo que no se puede culpar a nadie de que el tiempo avance y también supongo que esto es lo que llaman progreso.

Desde mi banco en primera fila noto el aliento cálido de Don Pablo. Nos levantamos para recibir alguna bendición y puedo ver por encima de él los destrozos que han hecho las humedades en el retablo y la chapa de madera que tapa parte del ventanal de la derecha. Es una iglesia de pueblo, pienso, ¿qué esperamos?

La piedra es gruesa y ha aguantado bien, eso es lo que importa, tener unos pilares sólidos. Me giro hacia mi nieto que mira también las paredes aburrido y le digo “Son buenos pilares. Aquí no se oyen a los vecinos a través de las paredes como en casa”

Me entra la risa al decirlo y engaño a la familia fingiendo que toso. “No se oye a los vecinos”, ¡menudo susto si se oyera algún ruido! La iglesia del pueblo está en medio del cementerio, aquí la gente se muere mucho y rápido, así que cuanto menos paseo se haga, mejor.

Para entretenerme escojo una línea de cables en la pared y la sigo. Se pierde debajo de la alfombra al lado del altar. Supongo que es la mecha que prende los dos enormes cirios con bombilla LED de eficacia energética A, made in China, que están a los lados del féretro.

Estiro el cuello a ver si alcanzo a ver a mi prima. Se supone que estamos aquí por ella. ¿Se le verá el bigote? Siempre he creído que se lo cuidaba con especial mimo, como si fuera un general prusiano, si no, no se entiende.

Otra bendición, o agradecimiento no sé, todos para arriba.

Sí ahí está mi prima. Se la ve rara aunque conociendo como ha vivido bastante hace con mantenerse dentro del ataúd. No creo que haya tenido tanta gente tan cerca jamás. Mi prima podría haber sido la imagen de la loca de los gatos, pero odiaba a los gatos igual que odiaba todo lo demás, y simplemente era mi prima la morsa loca.

Sé que no siempre fue así, y he visto fotos de cuando no llevaba bigote. La he visto sonreír y la he visto también posando junto con el cura, con Don Pablo, y otro chico cuando Don Pablo entró en el seminario. Fíjate, “cuando Don Pablo entró en el seminario”. Supongo que por aquel entonces sería Pablo o Pablín incluso, pero estamos hablando de antes de la existencia del Imperio Romano, de la prehistoria. Tengo 60 años y no recuerdo que Don Pablo haya sido joven nunca.

Miro a Pablín, está sorbiendo el vino poco a poco del cáliz abollado de la iglesia. Lo comparo con las fotos en las que aparece en fiestas, agarrando la bota y tirándose el vino agrio por la camisa de domingo, provocando la risa de mi prima “la Morsa”. Y el otro chico, más mañoso, presumiendo y haciendo alarde con la misma bota de vino, camisa remangada, y mirando de reojo a mi prima que también le ponía ojitos.

La primera vez que la llamé “la Morsa” delante de mi padre me gané una colleja. Tenía ya 23 años y a esa edad ya no se reciben collejas de los padres. Me pilló por sorpresa.

“Que no te vuelva a oír eso nunca. Tu prima es una buena chica que ha sufrido mucho, desde que se le murió el novio no ha sido la misma. Respétala y trátala con cariño, lo único que le falta es que la familia se burle de su desgracia.”

¿”La Morsa” con novio? No, “la Morsa” nunca ha tenido novio ni nada parecido, pero mi prima Elena sí que tuvo. El mocetón de la bota de vino se fue a la mili enamoriscado de mi prima y no volvió. Una bala perdida, dijeron. Esa bala despistada que mató al novio de mi prima la transformó a ella en “la Morsa” y ahora no sé a quién estamos enterrando.

Miro al féretro y luego a Don Pablo. Está terminándose el vino y al bajar la copa le caen un chorro de vino en la casulla blanca. Don Pablo es Pablín y “la Morsa” es mi prima Elena.

Nos levantamos ya para irnos. Esto se termina.

Me separo un poco del resto de la familia y me acerco al féretro. Estoy viendo a mi prima Elena desde arriba. ¿Le habrá besado un hombre alguna vez? ¿Habrá notado las sensaciones que provoca un beso?

Acerco mi cara a la suya, cierro los ojos y la beso con fuerza con la responsabilidad del que da un primer beso.

Susurro, “Ósculo, del latín osculum. Significa beso ¿Sientes el calor que provoca en tu interior?”

Sonrío y creo que ella también.

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72 Sin la ‘O’

Aturdida y mareada la tribu caníbal desembarca en el Abra. Bajan de la gabarra. Miran a la izquierda, ven valles verdes y piensan en la abundante verdura que se puede cultivar. Miran a la derecha, y atisban iridiscencias de mineral; ideal para sartenes y cucharas.

Miran al frente.

Miran al frente y se asustan ante la delgadez del paseante que se les enfrenta. ¿Es así la gente? ¿Paliducha, delgada y de amplia nariz? Insípida, sin pechuga e irascible ¿Para qué sirven? Ni para ensuciar el agua.

Se miran y se niegan a pasar hambre. Nunca más pasarán hambre, esa es la máxima que dirige este viaje. Se giran y enfilan hacia la gabarra.

“¡A Inglaterra!” gritan. Allí, dicen, las mujeres saben a filete de ternera y puré de patata.

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71 Rostro

Me mira fijamente a los ojos y me cuesta aguantar la mirada al mocoso. Al poco mi vista se cae de sus grandes ojos marrones y resbala por la nariz hasta llegar a la boca, justo a tiempo de ver como se mueve para decir “Señor”.

Amplío el plano. El chiquillo tendrá apenas 10 años y una cara redonda y aceitunada repleta de pecas. No, me fijo mejor, no son pecas. Son salpicaduras de barro que le dan al rostro una expresión pícara que ya se insinuaba.

Los ojos achinados y grandes, enormes, y la boca a juego no dejan apenas hueco a la nariz que se ha abierto camino hacia los lados, buscando el espacio que vista y gusto parece que le niegan. Nariz, olfato ancho y felino para detectar detalles que a los demás se nos escapan: el miedo, la cobardía, el instante justo para atacar.

Juraría que para favorecer la aerodinámica, tiene las orejas pequeñas, bien pegadas a la cabeza y ligeramente puntiagudas y el pelo corto, muy corto.

Veo que de nuevo mueve la boca “Disculpe señor, ¿podría devolvernos el balón?”

Me giro hacia donde señala. Hay una pelota al lado de una maceta rota. La recojo y se la tiro de vuelta.

“Muchas gracias, señor”

Vuelvo a mi silla y contemplo como se aleja sin apenas ruido, ligero, dando golpes a la pelota para reunirse con un grupo de chavales que le espera.

  • Bueno hijo, ya está aquí el café. Te he traído también unas pastas de té, que sé que te gustan
  • Gracias papá
  • ¡Ah, se me olvidó comentarte! Si te viene algún chaval de ese grupo del fondo pidiendo que les devuelvas un balón, tú ni caso. Y menos si es uno moreno con cara de gato. Ese sinvergüenza me ha roto ya tres macetas esta semana

Miro al fondo y veo como llega el chaval junto con sus compañeros. Puedo imaginar el brillo en sus ojos y la media sonrisa mientras gira la cabeza para mirar hacia donde estamos.

  • No te preocupes papá, me acordaré
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