64 La Laurel es una selva

El vino y su origen latinoamericano (¿mexicano? ¿colombiano?) le alargaban las eses al hablar.

  • Sí. Ya te digo, servesa, servesa y ta ta ta y cuando terminan de servirnos a todos, él ya se lo había vasiado.
    El tío se trinca las servesas… pu… de trago.
  • No te preocupes, nos desía, a la siguiente ya le voy a sentir el sabor, pero esta era para matar el… el…
  • Para quitar la sed. Sí, mi cuñado y mi padre hacen eso. La primera cerveza no cuenta y la siguiente ya es para tomarla con más calma.

El más joven de los dos trataba de meter baza acelerando la frase para no dejar huecos por los que se colara el de enfrente, pero con poco éxito.

  • Pero este hombre bebe servesa cóóóóómo… Y éramos 5 personas. Y estábamos allí en el campo y veeenga a tomar –hacía el gesto con la mano, con el dedo gordo apuntando a la boca.
  • Es otra vida, eh. Y se nota, el calor de todas formas para beber…
  • No, si no hase mucho calor.
  • ¿No hace mucho?
  • La gente se imagina África todo repleto de selvas y leones y que siempre hace calor. Pero hase mucho más calor aquí.
  • Sí, yo el año pasado en Barcelona lo pasé muy mal con el calor… un bochorno…

Imposible intervenir. El joven gesticulaba aburrido.

  • Solo hace realmente calor en la línea esta de… Ghana, Congo, el Zaire…
  • Pero en Mozambique no.

El joven mantenía la conversación a duras penas. Había terminado de comer y miraba con disimulo al resto del grupo como diciendo “¿Nos vamos ya?”

  • No, que va. Y lo de las fieras… Ten en cuenta que más del 90% de los negritos de África no han visto un león en su vida, ni lo va a ver. ¡Yo no vi ni una fiera!
    Fuimos a un restaurán -lo dijo así “restaurán”- y había un cartel que ponía “Cuidado con los cocodrilos”, mi hija lleva 3 años allí y no vio nunca un cocodrilo.
  • Qué era ¿para los turistas?, para sacarse una foto.
  • Eso hisimos. Los españoles que van se piensan que ahí van a ver a Tarsán -con ese- saltando entre los árboles, y allí no hay más que arboles chiquitos, matorral.

Se acerca el grupo e interrumpe la conversación. Salen por la puerta del bar.

Una manada de fieros turistas en busca de más pintxos que llevarse a la boca.

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63 A por setas al “Pan de azúcar”

Cuando despertaste el dinosaurio podría haber estado allí.

Me imagino que lo vigilas escondido entre los almendros pelados, sin hojas pero cargados de almendrucos que ya nadie va a ir a recoger. Lo vigilas agazapado, callado y sin hacer ruido a pesar de la distancia que os separa, pensando que con el crujir de una rama, con una respiración demasiado alta, el dinosaurio podría salir de entre la niebla y, cruzando el río, plantarse en dos zancadas en tu escondrijo.

No estás seguro entre los almendros… demasiado alto. Si yo lo puedo ver, el me podría ver a mí también, piensas. Hay poca vegetación: mucho matorral, hierba baja y algunos olivos abandonados que proporcionan la única nota verde de esta mañana de otoño.
Bordeas con la mirada la colina desde la que observas, bajas la cuesta por entre los almendros y subes ahora la colina de enfrente. Podría estar entre los olivos, pero estás seguro de que ese no es un buen sitio para él. ¿Alguien ha visto alguna vez a un dinosaurio recogiendo aceitunas? ¿Vareando los árboles para tirarlas y llevarlas a su cubil?
Cruzas con la vista la esquina del río que puedes ver desde donde te encuentras y llegas a la falda del gran monte que tú llamas “Pan de azúcar”. Vigilas los campos pelados que hay a la izquierda. Luminosos y coloridos hace menos de un mes pero que ahora, sin hojas que cubran la vid dejan ver los tocones en hibernación y un manto de tierra yerma. ¿Habrá arrasado con todo lo de alrededor para que nadie pueda acercarse sin ser visto? Apoyas la mirada en la lengua de agua que queda visible y fijas la vista en la base del “Pan de azúcar”. Estás cerca y, aunque solo avances con la mirada, notas que respiras acelerado.

Hay que subir con cuidado, prestar atención, fijarse en los detalles.

El “Pan de azúcar” es un cono casi perfecto y en la cúspide hay una niebla perpetua en la que puedes sentir su presencia. Una niebla espesa que hace que el monte se diluya en su extremo y se una con el cielo que amenaza lluvia formando un todo.
¿No tiemblas al estar tan cerca? ¿No tiemblas al llegar donde quizá nadie ha llegado? ¿No tiemblas al escudriñar entre la niebla?

  • ¿Es verdad eso ama? ¿Es verdad lo que ha contado aita?
  • Que el cielo amenaza lluvia, sí. Que un dinosaurio podría haber estado por ahí y ahora os espera escondido entre la niebla… quizás hace miles de años, pero ahora es más probable que os encontréis con algún corzo que huya asustado.Si queréis recoger alguna seta que merezca la pena debéis daros prisa.
    Anda, ponte el chubasquero y coge la cesta, no vaya a ser que el dinosaurio os coma todas las setas.¶
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