79 Bonsucesso

Diario de a bordo. 14 de junio de 2015, 17:05 UTC. Temperatura, 64.4  ºF. Parte meteorológico: ligeramente nuboso y sin precipitaciones

La nave supraterrenal Bonsucesso inicia el descenso controlado en modo automático. Es una nave de transporte teleférico de clase 2, algo ajada y con forma de octaedro con la base y la cúspide truncadas para maximizar el espacio de carga. Poco más que una caja tripuda. Está pensada para desplazamientos cortos en pendiente con condiciones gravitacionales estándar tal y como, de forma rutinaria, está haciendo esta tarde. Posee un brazo unifuncional que le une a un hilo conductor encargado de dirigir la marcha de la nave. Un mecanismo sobrio pero eficaz a pesar de la imagen de inestabilidad que pueda dar a los no entendidos.

La ruta predeterminada para todo el día de hoy es Sardagna – Trento con una carga de carne y ropa para la colonia. La carga máxima que pueden transportar los teleféricos clase 2 como el Bonsucesso es de 1 tonelada, aunque normalmente se trabaja con un margen de seguridad de entre 20 y 40 kg. En este viaje, se transporta una pieza de carne especialmente voluminosa que ha reducido ese margen a apenas 10 kg y desde control se percibe cierto nerviosismo y algo de temor al aproximarse a realizar la maniobra del frenado.

La nave de carga Bonsucesso está pintada de rojo en honor a Marte, donde inicialmente iba a estar destinada. También es el color corporativo de la marca que subvenciona estos viajes. Pura casualidad.

Control toma los mandos de la nave. Desde las escotillas se pueden observar los tejados de los suburbios de la colonia amontonándose por las colinas, tratando de alcanzar las naves que pasan y recoger la carga antes de que llegue a su destino. Son raros los casos de piratería, aunque siempre hay pequeños hurtos.

La nave desciende lentamente: 500 pies, 350 pies…Casas precarias de ladrillo sin lucir con tejados de uralita reciben al Bonsucesso. 200 pies… No se ve gente por las calles. Es raro a estas horas, pero la tripulación permanece tranquila. Trento es una colonia pobre y quizá por eso pacífica. 50 pies… Control acciona los frenos y el Bonsucesso se detiene tranquilamente en el muelle de carga.

De la barriga de la nave desciende la carga: una familia con dos niños, dos parejas de veraneantes y una mujer oronda que hace que la nave se tambalee al poner el pie a tierra.

En diez minutos, el teleférico dará la vuelta a la estación de Trento para iniciar el ascenso a Sardagna.

Iniciamos la cuenta atrás.

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78 Pan y circo

Una mesa, dos sillas enfrentadas y una bombilla proyectando una luz amarilla sobre el centro de la mesa. Al fondo se ve una puerta metálica.

Dos personas sentadas una frente a la otra. Ambas de traje. Azul con corbata a juego y camisa blanca el más delgado y atractivo. Marrón con corbata roja sobre camisa que fue blanca el personaje más rechoncho.

  • Buenos días
  • Tardes, será “Buenas tardes”
  • ¿Perdón?
  • Digo que ya es por la tarde. Buenas tardes

Algo irritado.

  • Buenas tardes entonces. Veamos. Aquí pone que ha sufrido usted una violación, ¿es correcto?
  • La verdad es que no
  • ¿Insinúa que no es usted el afamado enano funambulista del circo Price?
  • Más que insinuarlo, lo afirmo rotundamente
  • Rotundamente… aha

Garabatea en una cuartilla, “El afectado insinúa afirma ‘rotundamente’ que no es el enano funambulista del circo Price”.

Levanta la vista de la cuartilla y mira al afectado.

  • Es usted el enano más alto que he conocido, ¿sabe usted? Todo un fenómeno, sin duda.
  • No soy enano
  • Perdón. A veces me pierden las formas, ¿sabe? “Persona de talla inferior”
  • No soy el enano del circo Price, soy Pedro G. Santolalla, candidato del partido azul
  • Lo que yo he dicho, “persona de talla inferior”. ¿Azul ha dicho? ¿Cómo los pitufos? Yo creía que eran una invención, pero en esta profesión uno aprende a no sorprenderse de nada, ¿sabe usted?
    Volvamos a la declaración. ¿Cuándo aconteció la susodicha violación?
  • ¿Qué violación? Yo he venido aquí a denunciar una agresión. Me zarandearon y tiraron huevos a salida del mitin de Logroño

Lengua fuera, inclinado sobre el cuaderno, murmulla mientras escribe, “Aconteciese en la mañana tarde de autos, que el susodicho personaje insignificante, en cuanto a talla, y azul, en cuanto a color, se vio enfrentado a la realidad de la lucha diaria para personas consideradas diferentes, bien en cuanto a color, tamaño, catadura moral etcétera, se vio enfrentado, digo, a una turba de pasteleros que lo rebozaron y emplumaron en harina, huevo, un par de cucharadas de azúcar y medio vaso de aceite de oliva”

  • ¿Qué está escribiendo?
  • Su declaración. Es importante ser minucioso y preciso en la descripción de los detalles ¿sabe usted? Son los detalles los que finalmente llevan de forma clara y meridiana a la resolución del caso.
    Entonces, Sr. Diminuto Pitufo Olaya, ¿estaba usted presente durante su violación?
  • ¡Qué violación! Agresión, quiero denunciar una agresión. Y no soy enano, ni siquiera bajito, ni soy azul aunque me está usted poniendo negro

Le mira tranquilo. Tiene la cara enrojecida de ira. Apunta. “Durante el interrogatorio, el pitufo afectado se desenmascara. No es pitufo, ni siquiera azul, es más bien negro, según declaración propia. Negro incandescente y bastante violento, añadiría. La declaración está llena de contradicciones: el afectado pasa a ser sospechoso. Muy sospechoso, añadiría”

  • Cálmese. ¿Quiere usted confesar algo? ¿Necesita un abogado? Podemos proporcionarle uno de oficio, ¿sabe usted?
  • Yo soy abogado
  • Mejor, eso que se ahorra. No es por criticar, sabe usted, pero los que vienen de oficio no son muy eficaces.
    Ahora si me acompaña, le encarcelo cómodamente para que me dé tiempo a ensayar un poco el discurso ante los medios. No todos los días se descubre que Pedro G. Santolalla, el azote de los corruptos, resulta ser el Sodomita del Price. Es un shock, ¿sabe? Yo creía en usted, le voté en las últimas elecciones. No sé cómo lo contaré en casa. Nos ha dado usted un disgusto tremendo. Tremendo.

El policía del traje marrón, sujeta por el brazo al político y lo arrastra hacia la puerta haciendo mutis.

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77 La tortuga

El perro ladraba sin parar tratando de imponerse sobre el incesante cacareo de las gallinas. El relincho de los caballos colaboraba a la confusión y, en definitiva, en la granja reinaba un tremendo guirigay de ladridos, mugidos, cloqueos, balidos, cacareos y todo tipo de voces de los animales que habían acudido a la reunión.

En el centro del tumulto había una tortuga, pequeña e intimidada.

  • ¡Habla! – le ladraba el perro
  • ¡Bufa al menos! – balaban en coro las ovejas
  • ¡Di algo o te aplasto! – amenazaba el caballo percherón, relinchando y pateando el suelo
  • ¿No sabes siquiera croar? – hasta los sapos y las ranas se atrevían con ella

Pero, ¿qué puede decir una tortuga? Ha visto cosas, sé. Ha cruzado el océano y ha vivido más que todos los animales de la granja juntos pero, ¿qué dice una tortuga?

Una tortuga no bala, ni brama, ni croa, ni ruge. Una tortuga no ladra ni maúlla, ¿qué puede decir una tortuga? ¿De qué le vale a la tortuga todo ese conocimiento si ni muge, ni pía, ni ladra?

Así, la tortuga se mete dentro del caparazón y espera. Y reza por ser capaz de emitir algún sonido que le salve de la multitud ensordecedora.

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76 El perro ladraba sin parar

El perro ladraba sin parar. Supongo que no le caía simpático. Me había pasado anteriormente con mujeres y con gatos, ¿por qué un perro iba a ser distinto?

Me acerqué con cautela y retrocedió enseñándome los dientes. Me detuve y le mostré la mano. Abierta y con la palma hacia abajo, tal y como me han dicho que hiciera. Ya sabes, “pequeño jefe humano desea entablar amistad con desconfiado can”. Mejor eso que la alternativa de olerse las partes íntimas. Puede que sea un método más directo de conocerse pero, entre nosotros, tengo la espalda fatal y no estoy para alardes. Además, no tengo tanta prisa, es mejor irse conociéndose poco a poco.

Se acercó lentamente. La olisqueó. Podía notar su aliento con agrado y cómo los pelos de su nariz cosquilleaban el envés de mi mano. Movió el rabo y me lamió ligeramente y con indiferencia. ¿A qué sabré? Una mano sudorosa no es un chuletón de ternera, pero sin duda era un gran avance para mi humanidad, por insignificante que fuera para el resto del universo.

Se alejó poco más de un metro, dio dos o tres vueltas sobre sí mismo y se tumbó. Con las orejas grandes y carnosas enmarcando la cabezota bien apoyada en el suelo me miraba desde ahí abajo, expectante. ¿Qué se hace con un perro? No he sabido que hacer antes con mujeres ni con gatos, pero ninguno de ellos me ha lamido nunca la mano, siquiera ligeramente.

  • Bueno, perro, parece que contigo será distinto

El perro que me ladraba sin parar hace un momento es el cachorro curioso que me mira moviendo la cola esperando que juegue con él. Sí, sería distinto esta vez.

  • Si vamos a pasar tiempo juntos es mejor que nos conozcamos un poco, ¿no crees perro?
  • Y la verdad es que “perro” no es un buen nombre. Es confuso

Es un cachorro gordote y poderoso. Se llamará Federico, Federico El Grande.

  • Federico, yo me llamo Sergio. Cuando quieras nos vamos a mear farolas.
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