86 Gol en Las Gaunas

  • Hombre, eso ha sido una verborrea hiperbólica de libro, si lo sabré yo. Totalmente innecesaria.
  • ¿También usted lo ve así, Jose María?
  • No suelo ser yo persona de opinar, pero sin duda, sin duda, tal me parece. Empero, me arrogo el derecho constitucional a discrepar. Mayormente porque en casa no me dejan y ahora mi Mari Carmen me estará escuchando. ¿Me oyes Mari Carmen? Discrepo. Aun diría más, discrepo enérgicamente.
  • Acabáramos, ya salió el calzonazos. Sin embargo es evidente que dos líneas paralelas no se encuentran si no es en el infinito y este campo, válgame el cielo, no es tan grande.
    Por lo tanto, si el balón es esférico, ovaloide neutro y sin conciencia en cualquier caso, que no conoce amigo ni enemigo y parece evidente que transitaba por los antaño llamados campos de los dioses, primorosamente enmarcados por líneas de cal, no puede negar, amigo mío que penalti ha sido. ¿Cómo negar lo evidente? Resultaría inconcebible que fuera contra las matemáticas, la más pura de las ciencia, así como contra Dios, el agro y la lógica.
  • No trate de confundirme, buen señor. Yo también tengo estudios y sé diferenciar un paralelepípedo de un palmípedo, principalmente porque nada tiene que ver una cosa con la otra, lo cual nos lleva de nuevo al inalienable derecho de todo bípedo humanoide a discutir y dudar de las decisiones, tal vez arbitrarias, nunca mejor dicho, y acaso forzadas por la presión del contexto y las circunstancias. En fin, mi amigo y contrincante, el método socrático funciona, ¿reniega de la filosofía y de los clásicos?
  • Sin duda, interesantes reflexiones las de ambos. Aun así, el juicio está hecho y como dijo César tras cruzar el Rubicón con sus legiones, alea jacta est.
  • Desde luego.
  • Razón no le falta, señor comentarista.
  • Respetemos el silencio de este duelo sin sangre. El cara a cara entre dos colosos del que solamente uno, de forma inevitable, saldrá con bien.
    Ahí va el “Tato” Abadía. Golpea y… ¡gol en Las Gaunas!
Obviamente esto es una dramatización; Abadía no ha marcado ningún gol de penalti en Las Gaunas al menos en partidos oficiales.
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85 El sentido de la vida, el universo y todo lo demás

La imagen que devuelve el espejo no parece la de un triunfador. La cara sudorosa por el esfuerzo, los ojos vidriosos, un trozo de, ¿qué es realmente eso verde que cuelga de la comisura de los labios? No lo quiero saber. Me lavo rápidamente la cara, me enjuago la boca para quitar el amargor de la bilis y vuelvo a la mesa.

Cena en un japonés. Una brillante idea de mi dorada mujer. La miro y tengo que entrecerrar los ojos de lo que deslumbra. Parece un Golem. Quince años de casado, dos hijos. Tal vez hoy hagamos el amor. No es sábado, pero es mi cumpleaños. Una vez casi hasta follamos, pero hoy no se va a dar.

  • Felicidades cariño

Sonrío para disimular que cierro japonesmente los ojos al mirarla. Noto los restos de bilis y lo que es peor, trozos de esas algas y hierbajos que flotaban en la sopa. Cinco años de carrera, cuatro de doctorado, seis de noviazgo, diez largos años hasta llegar a director.

Pido la cuenta. Son doscientos, el sake es cortesía de la casa.

Me reflejo en mi esposa más nítidamente que en el espejo. Me observo y digo “Cuarenta y dos”. Ahora está claro. Por fin lo entiendo.

Le digo que me he olvidado algo en la oficina, que se lleve el coche, que yo cogeré un taxi. No, no hace falta que espere despierta, comento.

Veo como se aleja en mi BMW, tan caro, bello e inútil, como ella; como yo.

Robo una toalla del cuarto de baño, voy a la parte trasera del restaurante, me deshago de la corbata y me pongo a hacer autostop.

Cuarenta y dos. Ahora sé lo que tengo que hacer.

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84 Flores y estiercol

Hay flores y espinas, pero también ramas, tierra, hojas, que ninguna es ni será sin las otras. “Te quiero”, me dices, y me acercas un currusco de pan. “Ven, dame otro beso”, te susurro deslizando el cambio para el autobús. El amor es aroma, de flores y de estiércol y se riega en lágrimas y en duchas compartidas. Son cenas de verano a la luz de las velas o caldo de pollo para bajar la fiebre. Somos tú y yo, y ahora también, tú y el otro.

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83 Al amanecer

Apoyados en la verja que delimita el huerto hacemos una pausa para ver salir el sol. Miro subir el disco blanco sobre la ciudad de Moshi y como sus primeros rayos atraviesan sin dañarlo el pelo casi transparente de mi compañero. “¿Sabes que alba y albino tienen la misma raíz?” Con doce años está más familiarizado con el ocaso que con el amanecer. Contesta, “Sí. Lo supe en algún momento” y coge de nuevo la azada.

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82 Bendita locura

Desnudo, con la verga enhiesta, con su falo inconcluso se va hasta el fondo del pasillo. Cimbrel en mano carga contra mi pegando gritos. Le abro mis piernas y río a carcajadas. “Corre, mi dulce Rocinante, ven que te complete”.

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